AT

Comunicado de felicitación de la Asociación por la Tolerancia al Defensor del Pueblo por su recurso de inconstitucionalidad del Estatut

Enhorabuena al Defensor del Pueblo

En este clima de sectarismo cultivado por parte de importantes líderes políticos, el linchamiento al Defensor del Pueblo representa el ascenso de un grado que debería considerarse inaceptable desde un punto de vista democrático. En este país se ha mimado tanto a los nacionalistas, se les han hecho tantas concesiones para intentar mantenerlos contentos dentro del proyecto común, que se les ha permitido en numerosas ocasiones rebasar los límites que establecen la Constitución y las leyes y se les ha tolerado continuamente la desobediencia y la deslealtad. Ése fue el caso con la Ley de Política Lingüística de 1998, que nadie se atrevió a llevar al Tribunal Constitucional para no levantar sus iras. A punto estuvo de hacerlo el Defensor del Pueblo de entonces –a petición de muchos ciudadanos–, si no hubiera sido porque el victimismo y la presión de los nacionalistas catalanes lo disuadieron. Su conciencia, no obstante, le obligó a hacer una serie de recomendaciones para que en su aplicación se corrigiera el redactado de muchos de sus artículos. Nadie pestañeó cuando el honorable Pujol le dijo que no era asunto de su incumbencia. El apartheid lingüístico se consumó, y vinieron las multas para los comerciantes que no rotulan o ejercen su actividad empresarial en catalán...

El efecto de tanta lisonja ha sido –como hubiera previsto cualquier manual de psicología– el contrario del pretendido, y los nacionalistas (los explícitos y los implícitos) cada vez han ido radicalizando más sus posiciones. Sobre todo, porque los distintos gobiernos centrales y los partidos mayoritarios han renunciado a hacer un discurso alternativo sólido sobre las ventajas de tener un Estado lo suficientemente centralizado como para garantizar la justicia social, la redistribución de la riqueza, la igualdad de deberes y derechos de todos los ciudadanos, y la cohesión mínima que todo país que se precie necesita, dentro del auténtico respeto –no sólo retórico– al pluralismo existente en todas las sociedades libres.

Aquellos barros trajeron los lodos del nuevo Estatuto, que muchos ciudadanos vemos como una nueva amenaza a nuestra libertad individual y como un vaciamiento de competencias del Estado. No somos los únicos; el propio President Maragall, principal impulsor del Estatut, ya lo dijo el día que entró en vigor. Pero, lo peor es que lo vemos plagado de inconstitucionalidades. Por ello, solicitamos a don Enrique Múgica, que interpusiera el recurso en nuestro nombre. Estamos seguros que ha recibido una lluvia de peticiones de ciudadanos de todos los colores políticos y que, después de estudiar el texto a fondo, ha debido ver la pertinencia de llevarlo al TC, cumpliendo con su papel constitucional, consciente de representar a una Institución que es una de las válvulas de seguridad de nuestro sistema.

Por tanto, enhorabuena al Defensor del Pueblo, Sr. Múgica, por haber demostrado, una vez más, su compromiso democrático, su independencia, su honradez, su lealtad y su defensa del Estado de Derecho.

Por el contrario, nuestra crítica a todos aquellos que inician su campaña coactiva dando bofetadas al Tribunal Constitucional en la cara del Defensor del Pueblo, aún a sabiendas de que ha cumplido con su deber. Los que han pedido su recusación para desprestigiarlo y desprestigiar a la Institución que puede poner freno a los excesos nacionalistas han actuado con una enorme irresponsabilidad, porque el desprestigio de las instituciones desemboca en el caos o en el totalitarismo.

Marita Rodríguez


28/10/2006 - Asociación por la Tolerancia