Desinformación lingüística

El gobierno autonómico catalán intenta desde hace años transmitir mensajes equívocos sobre el dominio entre los alumnos catalanes del español y del catalán. Se busca crear la sensación de que el catalán se encuentra en un estado peor del que realmente se halla, para así poder justificar esa política tan antidemocrática que es la inmersión lingüística obligatoria en catalán.

Para ello, no se repara en publicar datos que inducen a equívoco a la gente de la calle, que evidentemente no conocen las "tripas" de los estudios, informes y estadísticas que salen a la luz en los medios de comunicación.

He aquí tres ejemplos.

Primer caso: noviembre del 2003. Por aquel entonces el Ministerio de Educación presentó un decreto que instaba a la Generalitat de Cataluña a impartir 4 horas semanales de lengua española (un mínimo minimorum si las comparamos con las más de 20 horas semanales de clases en catalán) para asegurar un adecuado dominio de la lengua común. Fue en medio de aquella polémica (¡qué casualidad!) cuando apareció un estudio realizado por el Servei d'Ensenyament del Català junto con la Universidad de Barcelona sobre la lengua de relación de los alumnos en la hora de recreo, según el cual el 60% de los alumnos de primaria de Cataluña hablaban en español en el patio. Pero el estudio tenía truco: la muestra estadística analizada estaba sesgada en favor de los castellanohablantes, concretamente, un 53% de los alumnos declaraba usar el español de manera exclusiva o mayoritaria, el 15.2% se declaraba bilingüe y tan solo el 31.8% usaba el catalán de manera exclusiva o mayoritaria. Con una tal muestra, era evidente que el resultado iba a ser una preponderancia del español.

Segundo ejemplo: julio del 2004. Se hicieron públicas las notas de acceso a la universidad correspondientes al examen de selectividad. Los titulares de los medios de comunicación subrayaron entonces que la nota de español era un 6,17 y la de catalán, bastante inferior, un 4,95. Pero esas notas tenían también truco: los coordinadores de las pruebas habían diseñado una prueba de selectividad de catalán claramente más exigente que el de español, algo que constataron (y lamentaron) numerosos profesores y alumnos. ¿Es casualidad que el examen de selectividad de catalán sea, todos los años, más complicado que el de español?

Tercer ejemplo: noviembre del 2004. La Generalitat sacó un estudio sobre el primer ciclo de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), donde aparecía que el nivel de expresión escrita de los alumnos era inferior en catalán (43%) que en español (72%). Pero el estudio volvía a tener truco: para evaluar dicha competencia, los alumnos debían elaborar en español un texto de tipo descriptivo y en catalán un texto de tipo argumentativo, de mayor complejidad. Por eso el nivel de competencia en catalán salió inferior al de español. ¿Con qué intención se establecieron pruebas de diferente nivel y porqué la de español era claramente más sencilla? Difícilmente se pueden establecer comparaciones de conocimientos si las pruebas no son de nivel parejo.

De lo aquí expuesto podemos extraer, como mínimo, dos consideraciones: en primer lugar, es preocupante que la Generalitat ponga tan bajo el nivel de exámenes y pruebas de lengua española. ¿Por qué no le interesa evaluar el nivel real (subrayamos, real) de español tras años de inmersión lingüística en catalán? ¿o es que saldría muy bajo, dejando a las claras las evidentes carencias en el dominio de español de muchos alumnos? Y en segundo lugar, resulta evidente que es harto recomendable mantener una saludable dosis de escepticismo cada vez que aparezcan estudios, informes y estadísticas sobre temas lingüísticos que provengan de la Generalitat u organismos afines a ella y que sería deseable que fueran realizados por instituciones totalmente independientes y de manera más rigurosa (algo no muy difícil) que los arriba expuestos.

© Cervantina digital, 2005

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