24 horas con la alcaldesa de Lizartza

21 - 12 - 2007 / revista EPOCA

 

24 horas con la alcaldesa de Lizartza

Regina Otaola es sincera. No se esconde. Mira a los ojos. No ha dejado de ser ella y no tiene pinta de dejar de serlo. Su llegada al feudo "batasuno" de Lizartza, la primera alcaldía del PP en Guipúzcoa en toda la democracia, ha sido como un "tsunami", incluso para ella misma.

Cuando llegamos a la cita, Regina Otaola ya lleva horas trajinando. La alcaldesa se levanta a las seis y media de la mañana y lo único que no perdona es un buen desayuno. Fruta, cereales, café... No le gusta madrugar pero, de lunes a viernes, aprecia la tranquilidad de las primeras horas del día. "Aunque no salga de casa" explica. "Tengo un carácter, un pronto muy fuerte y no me gusta, intento controlarlo. Leer por las mañanas o simplemente estar diez minutos mirando el mar, pensando, relajada, me ayuda a tener un día tranquilo".

El de hoy era un encuentro previsto desde hacía tiempo, pero resultó ser un día excepcional para compartir con Regina Otaola. Hacía un par de semanas que habíamos fijado la fecha: miércoles 10 de octubre. Pero el día anterior ETA hería a Gabriel Ginés, escolta del concejal socialista del Ayuntamiento de Galdácano Juan Carlos Domingo. Hacía años que la banda terrorista no colocaba una bomba lapa en los bajos de un coche, así que el 10 de octubre todo el mundo andaba revuelto en San Sebastián y preocupado por Ginés. Para redondearlo estábamos a 48 horas del día de la Fiesta Nacional, especialmente conflictivo este año por las llamadas del PP a la ciudadanía para hacer gala públicamente de españolidad, y la alcaldesa había hecho una excepción: había cedido a la petición de los jóvenes del PP para presentar su campaña Somos España en su ayuntamiento. Así que tenía prevista una rueda de prensa en Lizartza, a las doce, junto a Nacho Uriarte, presidente de Nuevas Generaciones.

Primera parada en Juntas

Todas esas circunstancias rondaban por la cabeza de Otaola desde primera hora. Salió de su casa de Zarautz, saludó a sus escoltas y les indicó la primera parada del día: las Juntas Generales de Guipúzcoa. En la sala allí asignada al PP hay de todo menos intimidad. Casi en un rincón aquella mañana se apiñaban Mila, la secretaria; Mikel, el asesor jurídico; Marta, responsable de prensa; Juan Carlos Cano, miembro de mesa de las Juntas, "juntero", como les gusta llamarse; Manolo Mitxelena, vicealcalde de Lizartza... El grupo se apaña con tres ordenadores, una fotocopiadora, una amplia mesa que se usa para "todo" y un montón de estanterías donde se amontonan documentos, cuelgan recuerdos, fotos personales y, en un rincón, viñetas de prensa. La alcaldesa colecciona y expone en la pared todas las caricaturas que le han hecho. Incluidas las del periódico Gara, probablemente el más contrario a sus ideas "el día de la constitución del Ayuntamiento dibujó a los miembros de la Corporación como marcianos".

Todo el que entra en el despacho o llama por teléfono esta mañana hace la misma pregunta: "¿Vais a hacer concentración a las doce en repulsa del atentado?". Y Regina, segura, "sí, claro, como los demás". Y Mila, la secretaria: "Regina, te llama un senador desde Madrid y una señora de Ávila y... un señor de Calanda que quiere hablar contigo y que dice que querer es poder, que siempre estás liada, que hagas un esfuerzo y...". Carcajada general. "Así no llegas a las elecciones", le dice Juan Carlos Cano. Otra llamada. Regina pone un tono muy amable. "Una declaración de amor", aventura otra vez Juan Carlos. "Si vieras los ramos de flores que llegan", me dice bajito. "Que no, que no es ninguna declaración. Es otro premio que nos van a dar chicos", zanja Otaola.

La alcaldesa inesperada

A Regina nadie la esperaba al frente de la Corporación de Lizartza, un pequeño municipio guipuzcoano al lado de Tolosa de seiscientos vecinos y feudo tradicional de la izquierda aberzale, que lo gobernó ininterrumpidamente desde las primeras elecciones municipales democráticas de 1979 hasta 2003. Ese año la anulación de la candidatura de Euskal Herritarrok le dio la alcaldía al PNV. En las últimas municipales la anulación de ANV y la petición de voto en blanco del PNV se la ha dado al PP. El anterior alcalde, Joseba Egibar, fue prácticamente un alcalde ausente. El resto de la historia la recuerda Regina mientras se toma el segundo café del día: "Yo iba de candidata a diputada general de Guipúzcoa. Éramos el único partido que había presentado listas en Lizartza, así que fuimos allí a hacer campaña. Estuvimos dos veces, un ratito, claro, pero alguien nos vio y llamó al día siguiente a la sede para decirnos que estaba seguro de que íbamos a recibir votos, que mandáramos interventores a las mesas electorales. "Así fue, el PP consiguió 27 votos (más del 5% necesario), otros 186 votos fueron nulos y 142 en blanco". La dirección del partido dijo que había que cubrir la Alcaldía con gente del País Vasco y yo dije "bueno, si queréis, voy yo". Les pareció oportuno y ya está".

Camino de Lizartza

Mientras salimos hacia Lizartza "a treinta minutos de San Sebastián", la alcaldesa explica que tras ese "si queréis, voy yo" hay una refl exión que viene de antiguo. No fue una frase improvisada: "Llevo en política en el País Vasco desde 1992, he estado tres legislaturas en Eibar, allí he vivido plenos de los que no me quiero ni acordar, hace muchos años que llevo escolta, he sido amenazada... Lizartza es un pueblo de Guipúzcoa, difícil sí, pero yo estoy aquí porque creo en la libertad y la puedo defender igual en Eibar que en Lizartza".

Llegamos. Más de treinta periodistas y ningún vecino esperan a la alcaldesa. Dan las doce en el reloj de la iglesia que se erige sobre la plaza y Otaola, junto a sus seis concejales y Nacho Uriarte se colocan delante de la fachada del Ayuntamiento donde están colocadas las astas. Hoy ondean tres banderas: la española, la ikurriña y la lizarzarra. Cae un chirimiri que cala, pero nadie abre el paraguas. La Corporación aguanta los minutos sola y en silencio. Ningún vecino se suma. Tres paisanos salen a la puerta del único bar abierto. Comentan algo entre ellos y vuelven al interior.

En la plaza sólo hay escoltas, ertzainas y periodistas. Prácticamente todos los balcones de las casas que dan a la plaza tienen colgada una ikurriña. Las pintadas de las paredes del Consistorio han sido tapadas con pintura blanca, pero en los edificios que le rodean se puede leer frases de apoyo a ETA y a sus presos. Algunas, aún frescas. Pasados cinco minutos, Otaola comienza el aplauso que sigue el resto de la comitiva.

Concluye el homenaje y decae la tensión. La Corporación, el invitado venido de Madrid y la tropa de periodistas entran en el Ayuntamiento. Apenas hay sitio para la prensa que llena el pequeño salón. Huele a humedad en el Ayuntamiento, un edificio de piedra y madera donde sólo un moderno ascensor rompe el aspecto tradicional. "Quiero hacer una condena explícita del atentado de ayer y solidarizarme con todos los escoltas, policías, guardias civiles, ertzainas o equipos de empresas privadas", dice Otaola. Antes que ella, Nacho Uriarte y Miguel Ángel Fernández, presidente de Nuevas Generaciones del País Vasco, han asegurado que estar en Lizartza es el acto más importante de su campaña, por lo que tiene de simbólico ese ayuntamiento, y lo valiente que es la alcaldesa. Regina hace como si no les hubiera escuchado, asegura a la prensa que: "No puedo entender una España sin el País Vasco ni un País Vasco sin España y contesta las preguntas sobre la provocación que puede suponer la presentación de la campaña de los jóvenes del PP: "Me preocupa que se pueda entender como una provocación. Yo creo que es la normalidad".

Mientras, unos vecinos entran en el despacho frente a la sala. Es el único momento en el que la alcaldesa nos ha pedido que no estemos presentes: "Podéis compartir todo menos la intimidad de los vecinos. No quiero que alguien piense que estamos aquí por la foto. Hemos venido a trabajar y me empeñaré en que los vecinos se sientan cómodos, seguros y que confíen en nuestra gestión".

Un respiro al mediodía

"La comida, donde me pille", asegura Otaola. "Antes iba con barritas de esas para adelgazar "confiesa, son cómodas y de paso me cuidaba. Siempre digo "tengo que bajar, tengo que bajar" pero ahora pido cualquier cosa donde está". Hoy Regina elige un restaurante cercano a la sede del PP en San Sebastián "se la ve cómoda con la conversación pero muy forzada con las fotos. No le gusta llamar la atención y tener un fotógrafo todo el día a su lado le está costando un esfuerzo".

A la mesa, acompañados por Juan Carlos Cano, Regina comparte las impresiones de la mañana: "No soy una ingenua. No me da confianza que con los líos que me han montado cada vez que iba a Lizartza hoy no hubiese nadie allí... Estoy muy orgullosa, seguro que nunca se había condenado un atentado entre las paredes de ese ayuntamiento... "A Juan Carlos": "Teníamos un equipo de la televisión portuguesa en la rueda de prensa!". La alcaldesa confiesa que la presencia de Nacho Uriarte ha sido un hecho excepcional y deja insinuar "aunque es extremadamente prudente en este aspecto", que lo ha hecho por cariño a quien se lo haya pedido. "¡No sabes la cantidad de peticiones que hemos recibido! Digo que no a todo. Sólo quiero la normalidad en este ayuntamiento. Sacar adelante un buen presupuesto y hacer todo lo que está pendiente". Le pregunto sobre las flores y los regalos y recuerda alguno con especial ilusión: "Un enooooorme ramo de rosas amarillas y rojas que me envió una señora a Lizartza "por española y por valiente" ponía la tarjeta; un libro de Ramón Tamames. La segunda vida de Anita Ozores, dedicado...".

Final del día

En la sede del PP hay papeles, agendas sin cerrar, "no paro de viajar por toda España" "explica con cansancio", y un par de reuniones esperándola. Pero da tiempo para otro café. "Vamos al txoko", me dice. Y es cierto, en un rincón aparece una sala que recuerda a una sociedad gastronómica. La conversación se torna más personal. "Soy muy independiente. Siempre quise vivir sola y lo he conseguido, hasta que falleció mi padre y me fui con mi madre. Pero según mi sobrina, soy una romántica, eso me dijo cuando acepté la alcaldía. Romántica y cabezota. Yo no pierdo la esperanza de encontrar una pareja. Mis amigas se parten de risa porque llevo desde los 17 años diciendo lo mismo, pero estoy segura de que llegará". Viajar, leer "voy a retomar la historia de España", escuchar música, pasear y el baloncesto "¡me pirra!", son las actividades que más disfruta y a las que no quiere renunciar. "Aunque ya no iría sola al cine, como hacía antes, por ejemplo. No quiero arriesgarme a tener un problema porque no me callo. De pequeña era muy borroka [peleona]". Cansada, la dejamos a la entrada del Kursaal con Julio Bocca y su espectáculo. "Temo dormirme, pero aunque sea complicado no quiero que me rompan la vida".

24 horas con la alcaldesa de Lizartza (enlace al artículo original) >>