Presentación del libro -Educando. Alternativas a la farsa pedagógica-

30 - 11 - 2012 / Redacción Tolerancia

 

Presentación del libro "Educando. Alternativas a la farsa pedagógica"

1. El autor.

Ernesto Ladrón de Guevara es alavés.
Una mezcla de Profesor no universitario y militante de izquierda no nacionalista en el País Vasco.
Fue Profesor. Primero de EGB y después de Secundaria. Doctor en Ciencias de la Educación: una buena síntesis de realismo no resignado que consiste en tener los pies en el suelo y unas ideas que luchan por abrirse camino dentro del rigor intelectual y la ciencia, ideas alejadas de tópicos, incorformistas y valientes.
Militante del PSE y del sindicato UGT. En 2003 fue elegido procurador de las Juntas Generales de Álava por Unidad Alavesa.
Autor de "Educación y Nacionalismo", 2005. Militante del Foro de Ermua desde sus orígenes y de la que fue Secretario los duros años 2000 y 2001. El inconformismo político le lleva a la búsqueda de otros espacios y la búsqueda es tortuosa.
Hoy está jubilado, pero no así su cabeza, ni sus ideas, ni su lucha, ni su vitalidad. Por eso ha escrito este libro, dedicado a su nieto, y a su hijo, y a todos aquellos que estamos descontentos con como van las cosas y que pensamos que algo hay que hacer.

2. La obra.

El título del libro es "Educando. Alternativas a la farsa pedagógica". (Ideas de un abuelo para una paternidad responsable)
Trata sobre PEDAGOGÍA, con mayúsculas, sobre la Pedagogía que debía ser y que no es.
Es una crítica feroz en el fondo y contenida en la forma, desde dentro, desde las aulas, con un conocimiento exhaustivo de los errores, mentiras, falacias y perversiones de un Sistema Educativo más orientado a inyectar una visión precocinada de la realidad que a dar una formación suficiente para que cada individuo, autónomamente, pueda darse dicha visión por sí mismo.
Es un ensayo que hace un recorrido pormenorizado a través de todos los aspectos relacionados con el amplio y dilatado proceso educativo en nuestra sociedad: fundamentos éticos, argumentos filosóficos, cientifismo psicológico, proyección social, etc., etc., y sobre todo, mucho, mucho sentido común.
No rehuye ningún frente de análisis (Familia, Sociedad y Estado) y la corrección política, que suele venir de mano de la descalificación, tampoco ha hecho demasiada huella en él.

3. Comentararios.

Normalmente la lectura de ensayos sobre temas tan poliédricos como el que nos ocupa suele ser ardua y compleja. No obstante, he de decir que en este caso no ha sido así.
Los análisis se van complementando de una forma casi natural, sin rupturas, con citas rigurosas de autores como Piaget, Vigotsky o Sartre, con vivencias personales de alto valor, con anécdotas bien traídas a cuento, incluso divertidas...
El libro destila experiencia. Experiencia de quien ha pensado, ha creído, ha hecho, ha corregido, se ha cuestionado, ha caído y se ha levantado. La experiencia de un apasionado que ha vivido intensamente porque no se ha callado ante lo que considera injusto, ni se ha acoplado ni se ha acomodado.
Hay muchos fragmentos con el valor de auténticas perlas en tu libro y es muy difícil quedarse solo con uno de ellos.
No pasas de puntillas sobre el rol y el adoctrinamiento en la educación de los regímenes nacionalistas, y tampoco aceptas tratar el fracaso escolar maquillado y presentado como menor, merced a la subida de notas, agrupación de alumnos por edad más que por conocimientos, la tontería y vacuidad del progresa adecuadamente y otras zarandajas retóricas de los oficiantes de esa secta de ineptos, mediocres y muñidores logsianos que son los pedagogos oficiales, con mando en plaza, alejados de las aulas, con despachos oficiales, que repartían fe y apostolado al profesorado de base, el cual asistía y asiste pasivo a sus aburridas charlas porque había que justificar las horas del sexenio. Y llamaban formación a lo que solo era enchufismo, arribismo, despilfarro, soberbia, desconocimiento y media docena de vocablos tan rimbombantes como vacíos.

4. Algunas consecuencias.

Con todo yo opino que no es explicable el agujero donde estamos sin una participación activa de la sociedad en dicho entuerto. Ciertamente existen leyes nocivas para la educación, pero también es cierto que quienes las han creado, han interpretado un sentir mayoritario de la sociedad.
Así puede explicarse el poco margen de cambio que hay en nuestro ordenamiento educativo sino es para incidir aún más en viejos errores.
Creo que mayoritariamente la sociedad está de acuerdo con la sobreprotección del niño como bien escaso, lo que generalmente se traduce en promoción automática de curso, ausencia de disciplina y exigencia, deterioro de autoridad, y también niveles bajos de conocimientos y de educación.
No pocas veces los padres complementan las deficiencias educativas permitiendo ver a los niños horas y horas de telebasura, jugar horas y horas con las play stations, comer, beber y hacer lo que quieren y cuando quieren. Se podría hacer lo contrario, pero no se hace. Es más fácil comprar felicidad enlatada y ser colega guay que ponerse en modo NO.
Nuestro problema no es que tengamos o hayamos tenido gobiernos que se han equivocado. No. Nuestro problema es que tenemos una sociedad con mentalidad entre inculta y nuevo rico venido a menos, más dispuesta a dar lecciones de modernidad que a aprender, acrítica, mediocre y consumista. Y una sociedad así es mucho más difícil de cambiar que un gobierno.
Los que hoy somos padres y mañana empezaremos a ser abuelos, tenemos nuestra responsabilidad. Salimos del franquismo más viscerales que racionales. Hicimos un diagnóstico rápido de la situación: lo han hecho muy mal con nosotros, tanto en la escuela como en la familia. Para no hacerlo tan mal, solo tenemos que hacer lo contrario. Y creo que así lo hemos hecho. No nos faltó ni el Mayo del 68. Y nos hemos confundido porque, en este caso, lo contrario de malo no ha sido bueno, sino que ha sido peor. Y nos acordamos de nuestros padres y nuestros profesores, y los admiramos por lo que hicieron con nosotros... en las circunstancias y con los pocos medios que lo hicieron.

5. A modo de catarsis y autocrítica.

Pertenezco, pertenecemos, al colectivo de profesores y padres muy preocupados con las últimas generaciones que hemos educado e instruido. Seguro que no es exagerado entonar un mea culpa, ahora que nuestros alumnos e hijos empiezan a ser adultos.
Ha habido una transición política que ha implicado un nuevo encaje de la educación en un nuevo tipo de sociedad y también una larga crisis precedida de una bonanza económica que pudo haber desincentivado el estudio y esfuerzo de los jóvenes.

Creo que esta generación se merece un reconocimiento explícito de algunas cosas que se han hecho mal. Tal vez podamos evitar que se repitan los mismos errores con la siguiente generación, la de nuestros nietos.

  1. Protegiéndoos, seguramente os hayamos engañado por ocultaros una realidad que conocíamos y que a vosotros no os quedar más remedio que conocer.
  2. Os deberíamos haber inculcado más valores y principios de los que pudierais sentiros protagonistas y que pudieran serviros de referente en vuestra vida.
  3. No hemos sido capaces de enseñaros que no tenéis sólo derechos. Vais a tener que aprender a ser responsables de forma atropellada, y a veces traumática, sin entrenamiento previo.
  4. Tampoco os hemos hecho comprender que libertad e igualdad no significa poder hacer todo lo que queréis sin más límites que vuestras simples apetencias.
  5. Nos sentimos algo responsables de vuestra falta de autoestima, de vuestra baja tolerancia a la frustración, de que os hundáis ante el menor problema de la vida.
  6. No hemos logrado sacar lo mejor de vosotros mismos. Por eso os conformáis con los mínimos, aplicáis la ley del mínimo esfuerzo y renunciáis al placer de superar vuestros propios retos.
  7. Hemos contribuido a ocultar un fracaso escolar evidente e incómodo en esta sociedad de tan alto nivel de vida como bajo nivel de autocrítica a lo políticamente correcto, y vosotros lo sufriréis en vuestra propia carne.
  8. No hemos logrado crear en vosotros mecanismos de defensa frente al engañoso atractivo del placer inmediato, y tampoco hemos fomentado más hábitos reflexivos y más metas de tipo inmaterial...
  9. Tal vez no nos hemos opuesto con suficiente firmeza a que se trate la educación y a vosotros mismos como una mera mercancíia (ideológica unas veces, lingüística otras, económica siempre).
  10. Perdón, en síntesis, por haberos tratado como a los reyes de la creación cuando sois solamente unos ocupantes privilegiados de este tiempo y de este espacio.

6. Más allá de la demanda de perdón.

Hemos pedido perdón por todo esto, pero hay que ir más allá.
Se puede y se debe hacer algo más. No es justo hacer crítica y quedarse instalado en la negación. Las cosas pueden y deben cambiar, pero no es fácil.
Por ello es muy de agradecer tu trabajo, Ernesto, porque va más allá de la crítica global, analiza, detalla y desmenuza un entramado muy complejo de causalidad, que abarca principios, mentalidades, leyes y normativas, pero también actitudes y comportamientos sociales, complicidades, complejos, temores, ambigüedades, y dificultades de sincronía entre teoría y praxis. Es decir, has puesto negro sobre blanco lo que se ha hecho mal, lo que se debe de corregir incluso das pistas de como hacerlo.
Porque la educación en caída libre no es una fatalidad.

Gracias por tus páginas, Ernesto.
Gracias por tus aceradas, acertadas y pormenorizadas críticas. También por hablar de lo que quieres, por pensar de forma libre, por no asumir los guiones previos, por no arrugarte, por no aceptar las reglas de la corrección política, y por nadar contracorriente en un río que no sabemos muy bien a donde va, si es que va a algún sitio.

Esperamos poder seguir contando con el placer de leerte y saborearte en el futuro.

Barcelona, 30 de Noviembre de 2012
Juan Antonio Cordero Alonso

texto extraido de la siguiente dirección web: http://winmates.blogspot.com.es/2012/11/guion-para-la-presentacion-del-libro.html