Presentación XIII Ciclo de Cine

22 - 10 - 2014 / Antonio Robles, Asociación por la Tolerancia

AT

El silencio ante el mal, no es inocente

-¡Adiós Padre!, ¡adiós Padre!

-¡Adiós muchachos!  Les devolvió el saludo emocionado el director del colegio, mientras se lo llevaban los nazis junto a varios alumnos judíos.

Bonnet, Negus y Dupré murieron en Auschwitz. El Padre Jean en el campo de Mauthausen. Así acaba ¡Adiós muchachos!, una de las películas programadas para el Ciclo de Cine de este año 2014. El padre Jean no era judío, sólo un sacerdote cristiano, un ser humano que ocultaba a tres niños judíos para preservarlos de los nazis en la Francia ocupada. Su dignidad le costó la vida.

Hoy, cuando todos estos acontecimientos nos quedan tan lejos, el cine nos hace revivir aquella tragedia adobada de una ideología obscena que perseguía a los hombres por el simple hecho de ser diferentes. Para llegar a ella, durante años gentes supuestamente respetables utilizaron el egoísmo nacional, el nacionalismo, para justificar lo injustificable. Muchos aprovecharon el odio para vivir de él, la mayoría calló, sólo una minoría se rebeló y mantuvo la dignidad del ser humano a salvo. Como el Padre Jean.

En otra película del Ciclo, uno de los jueces más relevantes de la Alemania nazi, procesado en el Juicio de Núremberg al terminar la guerra, acabó tomando conciencia del horror con el que había colaborado. Después de asegurar que él nunca supuso que iban a llegar a eso (se refería al exterminio), hubo de escuchar de su juez la peor sentencia. Dan Haywood le espetó: Sr. Janning se llegó a eso la primera vez que Vd. condenó a un hombre sabiendo que era inocente.

Nadie después de ver esta cinta, puede ignorar que justificar un pequeño mal es suficiente para acabar justificando un mal mayor. "Vencedores o vencidos", de Stanley Kramer, con Spencer Tracy y Burt Lancaster, es una obra maestra y una lección inolvidable para la humanidad.

Hoy, vivimos en Cataluña tiempos étnicos idénticos en los motivos a los que infectaron la Europa de los años treinta, aunque las maneras sean de seda. "Francia nos roba", en los cuarenta, "Roma ladrona", en los noventa, "España nos roba", en el S.XXI. En la Comunidad Autónoma Vasca, un informe del Ararteko (Defensor del pueblo) delataba en 2009 cómo un 25% de escolares vascos no condenaba la violencia de ETA. Se escandalizan los nuevos redentores de pueblos de las comparaciones. Les asusta el espejo. A nadie le gusta ver su imagen reflejada, cuando el reflejo deja al descubierto las falsas justificaciones con que conviertes en extranjeros a tus propios vecinos.

Si un ciclo de cine como éste nos pueda enseñar algo, es a no mirar para otro lado. Lamentar tragedias está bien, evitarlas, mucho mejor. El silencio, tu silencio, nuestro silencio, ayuda siempre al mal.

ANTONIO ROBLES