Salutaciones y felicitaciones a distancia

27 - 10 - 2018 / Redacción Tolerancia

Querido Eduardo, el jueves le damos en la Facultad de Derecho de Madrid el premio Enrique Ruano a Maite y a Consuelo Ordóñez y yo -como miembro del jurado- haré su laudatio. El viernes 26 estaremos Maite y yo en una mesa sobre populismo y también la presentaré.

Por favor, tregua, no me pidas más discursos sobre nuestra querida Maite...

Abrazos,

Fernando Savater


Maite, la premiada de este año por la Asociación por la Tolerancia, es mucho más que Maite. Maite es una amiga muy querida, una persona a la que debo mucho. Aunque quizá ella no lo sepa, su "permiso" para que pudiera acudir al entierro de su hermano a pesar de militar yo entonces en el PNV me ayudó a continuar con mi camino de dejarme guiar por la memoria de las víctimas en un momento en el que muchas personas en la sociedad vasca perdieron e norte y la dignidad. Su " permiso" me ayudo a salvar mi dignidad y mi libertad: ambas se las debo a las víctimas. 

Maite ha sido y es un faro de orientación. Maite es una invitación a seguir luchando por la memoria y la dignidad de los asesinados. Maite es una invitación a seguir haciéndolo con alegría, sin agobios pero con insistencia. Maite es la conciencia de lo que queda por hacer en la lucha por la memoria, por la libertad, por el futuro de una Euskadi mejor, de una democracia mejor. Maite es un testigo que agradecemos todos los que hemos hecho nuestra su lucha. Me queda solo "la vergüenza" de haberla precedido en la recogida del premio tan merecido que ella recoge: barkatu, perdón Maite. Me tienes a tu disposición.

Zorionak y mi más fuerte abrazo

Joseba Arregi


Querida Maite,

Como puedes figurarte, me habría encantado estar aquí esta noche, pero me ha sido imposible. De ahí que te mande, por persona interpuesta, unas palabras de felicitación por ese premio de la Tolerancia que hoy te entregan. Me ahorraré la glosa –no la necesitas para nada– y echaré mano, en cambio, del recuerdo. Nos conocimos, si la memoria no me falla, en un ambiente muy parecido a este. Tú habías publicado Los Pagaza y los amigos de la Tolerancia me invitaron a participar en la presentación del libro en un hotel de la ciudad. Luego cenamos, como manda la tradición, y allí pude comprobar como ese torbellino de vitalidad y optimismo del que me habían hablado era cierto, existía. A pesar de los pesares, y a pesar de los dolores. Y que existía mostrándonos a todos, y muy especialmente a los que también sufríamos y seguimos sufriendo las ataduras del nacionalismo, el camino de la entereza y de la dignidad.

En lo sucesivo nos hemos ido encontrando en escenarios diversos –la última vez hace un año, en esta Barcelona, cuando la inolvidable manifestación del 8 de octubre– y en cada encuentro he ido corroborando mi impresión primera. Como si no pasara el tiempo. Como si estuviéramos aún en aquella cena que siguió a la presentación de tu libro familiar.

Insisto en que me hubiera encantado poder acompañarte hoy aquí. Porque esta asociación benemérita que hoy te premia tan merecidamente es un poco mi casa, mi familia. Y porque el premio con el que te honra y al que tú honras es el único de este país que nunca será mancillado por una decisión futura de un jurado. Te lo digo por experiencia.

Un gran abrazo,

Xavier Pericay


Querida Maite, me habría gustado estar contigo y con toda la buena gente del Premio a la Tolerancia porque cada día sois más necesarios. Tú eres muy consciente de cómo se va dañando la vida pública y privada en aquellos lugares en donde poco a poco se van imponiendo los excluyentes y los supremacistas. Por eso eres un ejemplo y una ayuda inmensa para todos nosotros, pero en especial para las víctimas de los fachosos. Permite que te dé las gracias en nombre de todos los amigos que tienes en Madrid y que, como sabes, somos incontables.

Un gran abrazo.

Félix de Azúa