Es una iniciativa sin precedentes, y al mismo tiempo aporta al debate parlamentario la riqueza de las preocupaciones reales de la gente más allá de los discursos ampulosos y los dimes y diretes a los que nos tienen demasiado acostumbrados los políticos.La Asociación Convivència Cívica Catalana logró ayer llevar la voz de 50.000 personas, las que avalaron una propuesta orientada a impulsar la enseñanza bilingüe en la escuela, esto es, el impulso de la lengua castellana en unas aulas en que se ha reducido a la mínima expresión.
Que la propuesta haya sido rechazada no extraña, teniendo en cuenta las mayorías que componen el Parlament y la carga nacionalista que domina a los principales grupos con representación. Más triste es que el debate, único por ser la primera proposición de ley emanada directamente de la sociedad civil, fuera seguido por una cámara semidesierta; sólo 11 de los 70 diputados del tripartito escucharon la defensa que hizo el presidente de la asociación, Francisco Caja, de su proposición.
En cualquier caso, el rechazo de la propuesta por parte del Parlament lleva a los catalanes a perder una oportunidad de oro para que el sentido común y el derecho de los niños a recibir la enseñanza en lengua materna inicie una andadura legislativa que rompa la tradición casi monolítica de la educación en Cataluña, la de la inmersión que instauró el gobierno de Jordi Pujol y que el tripartito no sólo no ha variado sino que la alienta con su política.No cambiar el rumbo de este error educativo sólo puede llevar al fracaso escolar y al empobrecimiento cultural de las futuras generaciones.
BARCELONA.- El Parlamento catalán fue testigo ayer de un hecho histórico: en virtud del nuevo reglamento, acogió la presentación de una proposición de ley emanada directamente de la sociedad civil. El problema es que el asunto que se trataba, la «enseñanza en lengua materna y el bilingüismo escolar», no era un plato del gusto de la mayoría de diputados, por lo que la sala se quedó casi vacía cuando Francisco Caja subió al estrado.
Caja, profesor de Filosofía en la Universidad de Barcelona y viejo defensor de iniciativas destinadas a aumentar la presencia del castellano en las escuelas catalanas, defendió en la Cámara una propuesta avalada por más de 50.000 firmas que la asociación que preside, Convivencia Cívica Catalana (CCC), recogió en las calles en los últimos años.
Como se esperaba, la proposición de ley fue rechazada con los votos en contra de CiU, PSC, ERC e ICV -se pronunciaron a favor PP y Ciutadans-, pero el debate fue crudo y enconado desde la primera frase de la intervención de Caja. Al ver que la mayoría de diputados abandonaban la Cámara cuando él iba a hablar -sólo quedaron 11 de los 70 diputados del tripartito-, el presidente de CCC exclamó: «Parece que haya que ser terrorista para ser escuchado, que haya que ser Josu Ternera, para que cojan el coche oficial y se vayan a negociar con los terroristas».
El vicepresidente catalán, Josep Lluís Carod-Rovira, no pudo escuchar este ataque directo porque era uno de los diputados que se había marchado. El discurso de Caja fue incendiario, y defendió los postulados de los que su organización hace bandera desde hace tiempo. En primer lugar, reclamó al Gobierno catalán que «ponga fin a la inmersión lingüística», el modelo escolar que rige en las aulas catalanas desde los años 80, para sustituirlo por «un sistema bilingüe». Apoyó su reclamo en muchos datos, desde los referidos a la aceptación popular -dijo que un 69,9% de los ciudadanos está en desacuerdo con una enseñanza sólo en catalán- hasta los que se cimentan en los resultados, porque, según él, «la inmersión es la causa directa de al menos el 9% del fracaso escolar en Cataluña».
Caja se extendió en los perjuicios que provoca el sistema catalán, que a su parecer «convierte a los niños catalanes en analfabetos funcionales en castellano», y reclamó, apoyándose en informes de la UNESCO, que se dé la primera enseñanza a los alumnos en su lengua materna: ahora la lengua vehicular a todos los niveles es el catalán y prácticamente todas las clases se dan en esa lengua.
Quienes tumbaron la proposición de ley aludieron a razones de cohesión social para no aumentar la presencia del castellano en las aulas. Irene Rigau, diputada de CiU, dijo que Caja «propone crear guetos» y defendió la legalidad del sistema vigente en Cataluña, «avalado por el Tribunal Constitucional». «La nación catalana está vinculada al futuro de su escuela y de su lengua», añadió.
«Si se aplicara su propuesta llegaríamos a la segregación», dijo Maria Mercè Roca (ERC). El diputado del PSC Daniel Font, que realizó parte de su intervención en castellano, defendió que «la situación hoy en Cataluña es de bilingüismo perfecto», y dijo que los datos que presentó Caja eran erróneos.
A favor de la iniciativa hablaron Carina Mejías, del PP -que se refirió a la «clara discriminación de los castellanohablantes»-, y Antonio Robles, de Ciutadans, que reprochó al president José Montilla que lleve a sus hijos a una escuela privada, el Colegio Alemán, donde no rige la inmersión. «¿Qué pensarían si el dueño de un restaurante se fuera a comer todos los días al restaurante de al lado?», se preguntó. Robles también dijo que era «una vergüenza democrática» que la mayoría de diputados abandonaran el hemiciclo antes de la intervención de Caja.
Cuando salió del Parlament, el conseller de Educació, Ernest Maragall -el único miembro del Govern que presenció todo el debate-, escuchó gritos de «fuera, fuera» y de «traidor» del centenar de congregados que fueron a apoyar a Caja. Llevaban pancartas en favor de la enseñanza bilingüe y también algunas banderas de España.