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"Deseo el dulce aburrimiento de la democracia"
Toda una vida dedicada a la lucha por las libertades hasta el punto de comprometer
su salud y su seguridad personal. Superviviente de atropellos y avatares que, lejos de agriar su carácter,
lo han forjado en una mezcla de simpatía, ternura, fortaleza de espíritu y firmeza en la defensa
de sus ideas.
Su enorme capacidad y curiosidad intelectual le han dotado de una educación superior.
Su dicción perfecta es un regalo para el oído; su amplísimo vocabulario revela sus conocimientos
en numerosos campos; lector impenitente, poeta, escritor, crítico, traductor del francés, inglés
e italiano; ¡y todo ello desde el más integral autodidactismo!
Me gustaría que me hiciera un brevísimo resumen biográfico.
Nazco el 1 de junio de 1922 en Portugalete, Vizcaya, en una familia obrera, con un padre con preocupaciones sociales
y políticas, que aprendió a leer en el servicio militar. Mi vida se desarrolla en un ambiente industrial,
en diferentes trabajos en fábricas, incluso de traductor de francés, en una fábrica de astilleros
de Sestao. La guerra me sorprendió siendo adolescente, y fuimos a Francia.
¿Su dominio del francés viene de la escuela allí?
Tenía catorce. Mi edad escolar ya había pasado. Lo aprendí por el método más
práctico que hay, el de comunicarme con la gente que me rodeaba, especialmente con los de mi edad. Francia
me causó una impresión magnífica. De un país fabril muy contaminado, con los dormitorios
de obreros muy cercanos a las fábricas, a un paraíso rural. El sitio permanece muy vivo en mi memoria.
Era en el Departamento de Cher, en el centro de Francia, cerca de los castillos del Loira, con ríos incontaminados,
a donde iba a pescar con mis amigos y a disfrutar del paisaje. Tengo unos recuerdos muy entrañables de aquella
época aunque fueron apenas unos meses. De allí nos trasladaron a mi madre y a mí a Cataluña,
porque el gobierno francés nos dio a elegir, o la España de Franco o la republicana. Escogimos Barcelona,
concretamente Tarrasa. Mi madre se alojó en casa del alcalde, de ERC, y yo estuve en casa de una familia
de la burguesía media que me trató como a un hijo. Aprendí catalán en una escuela anarquista,
parecida a la de Francisco Ferrer Guardia; una escuela libre, laica y mixta. La primera vez que veía chicos
y chicas juntos en la escuela. Los profesores eran los «compañeros profesores». Una enseñanza
hermosa.
Por otro lado, mi padre quedó herido en un bombardeo en el País Vasco. Junto a otros mutilados de
guerra, siguió un itinerario distinto al nuestro, pero, a través de Cruz Roja internacional, logramos
reunirnos en Tarrasa. Cuando la República quedó prácticamente derrotada, mi padre salió
con un grupo de milicianos hacia el norte; mi madre y yo nos fuimos con una familia catalana, andando y muy pertrechados
hasta Francia, donde empezó un peregrinar de más de un año por los campos de refugiados franceses,
hasta que en el 41, muerto de hambre y con cerca de 30 kilos menos, decidí intentar el regreso.
Cuando llegamos a Sestao la situación era muy mala; ya se habían producido dos ejecuciones capitales,
con garrote vil, por robo con asesinato. Fue mi primer encuentro con la bestialidad fascista. Encontré trabajo
enseguida en una fábrica, donde daban unos suministros periódicos especiales aparte de los racionamientos.
La vida era penosísima. Las restricciones de libertad, la miseria moral, alimenticia y de convivencia, me
fueron concienciando y sentí la necesidad de luchar contra aquella situación. Empecé a dejar
a los amigos de antes y empecé a escogerlos en función de su concienciación ante la ignominia.
Formamos grupos, algunos de procedencia anarquista, otros marxistas. Yo, después de hacer el servicio militar,
enfermé de tuberculosis pulmonar y estuve tres meses en un hospital militar. Al salir de allí, nuevo
trabajo y el momento de meterme en grupos de resistencia antifranquista. Empecé a asistir a una tertulia,
los sábados, con gente como Blas de Otero y el escultor Oteiza. Pronto busqué grupos de mayor implicación
política y encontré el partido comunista, donde ya estaban militando amigos actuales como Antonio
Jiménez Pericás y Agustín Ibarrola.
Tengo entendido que compartieron cárcel los tres, ¿Cuándo y por qué?
Mi primera detención fue en el 59, recién nacida mi hija mayor. Me retuvieron diez días en
la jefatura superior de policía de Madrid y como no me encontraron excesivas implicaciones políticas,
me dejaron en libertad. En el 62 hacen una redada que comienza con la detención de Agustín Ibarrola
en Bilbao, durante una exposición suya. Detrás, caímos unos cuantos: Antonio Jiménez
Pericás, Gregorio Rodríguez, el matrimonio José Villate y María Dapena (la pintora),
Enrique Múgica (actual Defensor del Pueblo) en San Sebastián, Ramón Ormazábal (cabeza
de expediente), otros que habían venido de París y yo. Nos juntamos 10 en el mismo expediente. Nos
hacen un consejo de guerra por lo que llamaban entonces la «convicción moral» de que uno pertenecía
al partido comunista. No necesitaban pruebas. A mí me echaron seis años, aunque estuve dos y medio;
a Agustín, diez; a Antonio, doce. Contra éste hubo mayor espíritu vindicativo porque además
de abogado, trabajaba como redactor en un periódico del Movimiento e hizo un reportaje demoledor sobre unas
minas de Gayarta que se les estaban hundiendo, y con ellas las casas de los trabajadores. No le perdonaban la «falta»
de su doble condición, además de la de intelectual y venido de Madrid. Memorable fue que Antonio
pidió su ingreso en el PC durante el mismo proceso. Aprovechamos para dar testimonio en el consejo de guerra
puesto que de todas formas iban a implicarnos en una serie de hechos sin pruebas.
¿Probó Ud. las celdas de aislamiento?
55 días.
¿Por qué?
Por protagonizar un acto de protesta. En el artículo 13 y 13 bis se establecía que cualquier recluso
que, al ingresar en prisión, alegara su pertenencia a otra religión distinta de la católica
o fuera ateo, quedaba exento de ir a los actos religiosos que se celebraran. Entonces, un estratega, el cabeza
de expediente nuestro, cuando se enteró que yo no estaba bautizado, aprovechó mi caso y el de un
ex falangista, que en ese momento era del PC, y que encima era cuñado de Arespacochaga (el que fue alcalde
de Madrid y uno de los jerifaltes fascistas), para montar un plante en domingo, cuando la gente se juntaba en el
patio para el desfile y la misa. Nos adelantamos al centro y dijimos que no queríamos formar parte de esa
farsa. Llevábamos varios días de aislamiento, y coincidiendo con la celebración de la Virgen
de la Merced, patrona de prisiones, cuando normalmente se condonaban los castigos, llegó al jefe de servicio
y me dijo que por mi contumacia en no arrodillarme en el alzar (un corneta me abría la puerta de la celda
durante la misa) y por negarme sistemáticamente a asistir a misa, no había levantamiento de castigo.
Por no dejar, ni me dejaban salir al patio la hora diaria que llamaban «higiénica», que era
preceptiva. Quedé afónico de no hablar e hice la locura de iniciar una huelga de hambre por mi cuenta.
Tiraba la comida por el retrete y mi salud, tocada previamente de tuberculosis renal, empeoró y quedé
en tal estado de postración, con vómitos continuos, que no me aguantaba de pie. Para colmo, se me
perforó el estómago y me tuvieron que llevar en camilla a la enfermería.
¿No había nadie que denunciara esta situación?
Bueno, se produce una serie de acontecimientos que acorta nuestras condenas respectivas. Agustín era un
escultor conocido y mi libro de poesía Cuatro poetas de hoy (publicado en el 60), prologado por Blas de
Otero y con epílogo de Gabriel Celaya, me había dado una cierta popularidad. Cada vez iba habiendo
más presos políticos notables. Entonces, al gobierno español se le ocurre hacer una exposición
de Goya en Londres sobre los Desastres de la guerra. Aprovechando la ocasión, Amnistía Internacional
monta una exposición, también en Londres, de unos grabados de Agustín Ibarrola sobre los Desastres
de la paz, que se recoge en un libro que se titula From Burgos Jail (con poemas de Marcos Sana, que se tiró
21 años en la cárcel), del que hacen una edición bilingüe, en inglés y español,
que se agota inmediatamente. El escándalo que se organiza es mayúsculo. Nosotros seguimos con una
lucha de resistencia cada vez mejor organizada y, a través de una serie de peticiones y actitudes, pusimos
patas arriba todo lo que era el organigrama tremendo de las prisiones franquistas.
¿Cómo fue el reencuentro con la calle? ¿Tuvo problemas con el trabajo?
Cuando me detuvieron, trabajaba, como traductor técnico de francés, en la oficina técnica
de ferrocarriles y reparaciones navales de Astilleros Españoles. Después, no me admitieron. Sobrevivimos,
mi mujer y mis dos hijos -el niño nació estando yo en la cárcel- de algunas traducciones que
me iban saliendo, super mal pagadas. Después de un año, a través de un anuncio en el periódico,
me presenté a un examen para traductor técnico de inglés para una empresa de Bilbao y me contrataron,
fijando yo el sueldo. El ingeniero estaba encantado conmigo y sorprendido de que conociera la nomenclatura de sus
locomotoras eléctricas (Westinghouse). Lógicamente era por mi experiencia anterior como traductor
de ferrocarriles. A los diez días y a pesar de la defensa que hizo de mi capacidad para el puesto, el consejo
de administración hizo que me echaran por mi pertenencia al PC.
Luego, trabajé en una fábrica de plásticos, llevando la contabilidad, cosa que no había
hecho nunca. Estando allí, hice unos cuantos trabajos de encargo para la Gran Enciclopedia del Mundo. Les
gustó y me contrataron.¡Menos mal! Estuve 17 años muy bien considerado y aprendí muchísimo.
¿Qué es lo que le ha producido mayor satisfacción en lo personal y en lo colectivo?
En lo personal, los encuentros humanos, los amigos que he ido encontrando a lo largo de la vida; en lo colectivo,
la creación del Foro Ermua.
¿Cómo surgió?
Su nacimiento ocurre dentro del medio académico. Sociólogos, filósofos, antropólogos,...,
invitan a artistas e intelectuales a suscribir un documento, denunciando a ETA como un fenómeno fascista
y nazi.
¿En qué momento empieza Ud. a adquirir conciencia de que eso es así?
Para una persona de vuelta de todo, se hace evidente desde el principio. Lo comentabas con algunos, te indignabas
y poco más. Solía hacer actos de presencia en la calle con Gesto por la paz, que era lo único
que había. Así es que cuando un día me llaman para requerir mi presencia en la presentación
formal del Foro de Ermua en Bilbao, acepté encantado.Mikel Azurmendi hizo la lectura en euskera y yo en
castellano.Ahí, estuvimos todos, Savater, Gorriaran, Ibarrola...;todos los que formamos el grupo nuclear
inicial.Tuvimos un impacto muy grande en la calle.
¿En qué momento le escogen como presidente?
Creo que se fijaron en mí por ser el más viejo y, de forma improvisada, me nombraron presidente.
¿Cuándo empiezan las amenazas contra su persona?
No se produce en una fecha concreta. Cuando te metes en esto, sabes que te la juegas y lo vas notando. Tengo que
decir que mi familia reaccionó muy bien. Mi mujer, que es muy serena, podría haber puesto reparos,
pero no lo ha hecho.
¿Se extiende el peligro a ellos?
Pues sí. Cuando van a por ti, no cuidan de pillarte solo; si caen varios, tienen más que celebrar.
¿En qué momento le ponen escolta?
La pedimos al poco tiempo de que mataran a nuestro compañero José Luis López de Lacalle, porque
sentimos que venían a por nosotros. Además, acabábamos de regresar de Estrasburgo y como esa
visita había sentado muy mal en las filas nacionalistas, nos convertimos en objetivo preferente. Tengo que
decir que en cuanto la solicité, me la pusieron.
¿No es la presencia de estos custodios un recuerdo permanente del peligro que corre?
Sí, pero me siento muy protegido. También esta vigilancia concienzuda a todas horas tiene sus pequeñas
incomodidades, pero es necesaria.
¿Tiene miedo?
Pues miedo, miedo, no, pero sí te haces consciente del peligro. Coincido en esto con nuestra compañera
Edurne, que dice que tampoco tiene miedo, a pesar de que atentaron contra su vida (sin éxito, afortunadamente)
el otro día en el ascensor de su Facultad. No volaron ella y su escolta porque, aunque estalló el
deflagrador al entrar ellas, la bomba no terminó de funcionar.
Seguro que algún vecino suyo se queja de tenerle a Ud. cerca...
Pues no. Me muestran su solidaridad con palabras cariñosas o gestos, como no dejar cubos de basura en los
rellanos y molestarse en llevarla directamente a los contenedores de la calle. He tenido la suerte de tenerlos
de mi parte. Sólo he recibido de ellos y de otra mucha gente frases de cariño. A veces hasta me emocionan.
Algunos también increpan, ¿no?
Una vez, no hace mucho, en un bar al que llevé a un fotógrafo amigo mío, unos jóvenes
energúmenos nos cerraron las puertas y nos rodearon con pancartas, gritándome: ¡hijo puta!
y otras lindezas, con un odio incomprensible.
El tono del manifiesto que entregaron en Estrasburgo también fue considerado como un pelín
excesivo por parte de algunos no nacionalistas. ¿Cambiaría algo si lo volvieran a redactar?
No discuto los puntos y comas, pero en lo fundamental no lo tocaría. Algunos de los que vieron excesos en
la terminología y en el reparto de responsabilidades por la falta de libertad que padecemos muchos ciudadanos
vascos, ahora los asumen con toda convicción.
Recientemente, la Asociación de Fiscales ha concedido al Foro Ermua el premio Carmen Tagle a la defensa
de las libertades, pero aún no lo han podido recoger porque el lugar propuesto -sede del Tribunal Superior
de Justicia del P.V.- para el acto de entrega, les ha sido denegado, ¿qué razones han expuesto sus
responsables?
Que no quieren comprometer la imagen de independencia del poder judicial.
¿Y ahora...?
Hemos solicitado el ayuntamiento de Bilbao y estamos pendientes de respuesta.
¿Qué valoración hace de la evolución política en su entorno más
inmediato en los últimos 40 años?
En algunos aspectos estamos ahora peor que durante la última parte del franquismo. Aquel fue a menos, mientras
que esta locura va a más. Entonces yo y muchos otros pagamos con cárcel nuestra apuesta por la libertad
pero no temíamos por la seguridad personal de nuestras familias; ahora también nos tenemos que preocupar
de ello. Antes conocías a los cinco fascistas cercanos, ahora no sabes quién tienes al lado. La gente
tiene más miedo ahora. Por otro lado, el tema lingüístico lo veo insidioso. Con la toponimia
han hecho destrozos enormes. El Santurce de toda la vida, lo han convertido en Santurtzi, Lasn Encartaciones, donde
nunca se ha hablado vasco, ha pasado a llamarse Elkarterri ¡Pura melancolía eso de inventar y nombrar
lo que nunca existió!
Formule un deseo.
Disfrutar del dulce aburrimiento de la democracia.
¿Le queda esperanza?
Sí. A pesar de la erosión que se ha estado haciendo de España y del proyecto común,
confío en el cansancio que debe producir la falta de proyecto entre los que usan la parabellum y en la extensión
de la conciencia ciudadana. Creo, en ese sentido, que la constitución de la Plataforma Libertad ha sido
un paso importante. Desde luego que tendremos que seguir defendiendo, escalón a escalón, todos los
valores democráticos para derribar esa escuela de odio en la que se han educado nuestros jóvenes
y que ha llegado incluso a la universidad.
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