El sábado, 16 de Diciembre, la A.T. presentó el libro de Oriol Malló y Alfons Martí
En tierra de fariseos, publicada por Espasa en Madrid, 2000. El acto, que debía cerrarse con la despedida
del año en la Asociación, despertó un gran interés que se vio bien recompensado por
lo intenso de las intervenciones de los autores y por lo animado del coloquio que las siguió. De hecho la
presentación se dobló, porque Oriol Malló reconoció honestamente la deuda intelectual
contraída con su coautor, la síntesis de cuyo pensamiento se halla en la obra De la polis a la desaparición
(Barcelona, 1999), de la cual se trató también indirectamente en la charla.
En la presentación de los invitados causó un cierto murmullo el comentario acerca de su «escandalosa»
juventud, que contrasta con lo abultado de sus respectivos currícula y con la madurez de sus juicios y la
profundidad de su conocimiento en un tema del que hay mucha mitología y escasa ciencia. Oriol Malló,
responsable de la investigación histórico-periodística que constituye el cuerpo del libro,
es en la actualidad periodista freelance y editor independiente. Su azarosa trayectoria personal le ha llevado
de las cavernas del catalanismo más radical a la profundidad del análisis crítico de ciertas
formas del mismo, pasando por una época de cronista itinerante por algunas de las más llamativas
guerras de «liberación nacional» en la vieja Europa. Alfons Martí quien, a decir de su
compañero, se encargó de proporcionar el esqueleto teórico sobre el que se asienta el trabajo,
es un joven mallorquín, filósofo, narrador y poeta, cuyo acerado pensamiento incidió abundamente
en la identificación del nacional-catalanismo con un racismo que hunde sus raíces en el neo-romanticismo
de finales del XIX.
El libro presenta los resultados de una extensa y bien documentada tarea, que ha ocupado tres años de la
vida de sus autores, expuestos en un lenguaje ágil, descarnado y, a menudo, punzante que despoja sin reparos
de los ropajes de lengua, identidad e historia míticas al catalanismo para mostrar desnuda su piel, reaccionaria,
aferrada a la religión y al orden, y enemiga del liberalismo laico y republicano. Dado el mojigato y reverencial
silencio con que los medios y el mundillo intelectual tratan toda revisión del tabú nacionalista,
tanto el libro como la presentación permiten respirar un aire fresco que, quienes estamos dispuestos a denunciar,
como los autores, la hipocresía de las «termitas» que socavan los cimientos de una convivencia
en libertad, debemos agradecer cabalmente.
Los autores denunciaron sin empacho las conexiones entre el fascismo catalán y el del resto de España,
la fusión entre la falange mallorquina y la FAI, el antirepublicanismo visceral del nacional-catalanismo,
la pérdida del temple revolucionario (anti absolutista) del nacionalismo absorbido por el racismo (el empleo
de la desigualdad para generar poder) y la «falacia sesentina» que ha conducido a esa especie de «pensamiento
único» que se ha apoderado de la realidad política catalana. En suma, en palabras de Oriol
Malló, «no es buena época para recuperar las ideas ilustradas porque se ha falsificado el pasado
(también el reciente) y eso no crea más que confusión». Hacen falta «referentes
históricos», pero la derecha vive de su falsificación y «la izquierda no muestra interés
alguno en ir a sus raíces».
Los contertulios, como es habitual, hicieron preguntas, apostillas y reflexiones personales abundantes (algunos
incluso prolijas). Destacó la inquietud de quienes interrogaban acerca de cómo analizar el período
posterior a la muerte de Franco (el libro concluye con la extinción de la dictadura, aunque no faltan pistas
para llegar hasta el presente), a las que los autores respondieron con una invitación a proseguir la investigación.
Hubo que cerrar sin que se hubieran agotado ni la curiosidad de los asistentes ni la energía y el entusiasmo
de los autores, a quienes se siguió importunando (con la boca llena) durante el tentempié. Una velada
amena e instructiva, como hubiera dicho cualquier cronista «de provincias» en el siglo antepasado (¡el
XIX ya!). |
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El dialogo
Embauca el poder de esa palabra
que transforma su sonido en esperanza
de tibios, que al oírla están en Babia,
uncidos como bueyes de labranza.
«DIÁLOGO» es la pócima, el ungüento
que aturde y anula la memoria
de los «vivos». a costa de los muertos,
víctimas de la bomba y la pistola.
No faltará materia en las tertulias
y a Gemma le estarán agradecidos
Herrero de Miñón, Carrillo, Julia
y demás dialogantes parecidos.
Si siguen manejando las encuestas
llegarán, en un día no lejano,
a lograr el silencio a la protesta
del trémulo y cansado ciudadano
que apaga la luz cuando se acuesta
y sueña la posible pesadilla
de verse maniatado en una silla
frente a un «dialogador» -pistola en mano-
que tras «dialogar» se marcha ufano
a contarlo al cubil de su pandilla,
donde encuentra a sus jefes dialogando
con la vista puesta en un catálogo
de bombas-lapa (a distancia el mando)
y otros elementos para el DIÁLOGO
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Cataluña y el terrorismo
El trágico problema del País Vasco es un problema de España, de la Unión Europea, de
la humanidad.
No hay nada inmutable. La Constitución puede cambiarse. ¿Y por qué no el pensamiento único
nacionalista? Sea éste cual sea, los nacionalismos son todos iguales, si uno parece mejor que otro es por
razones de circunstancia.
En el País Vasco se está jugando las aspiraciones no sólo de éste sino las del nacionalismo
catalán bajo el paraguas mortal de las pistolas y las bombas de ETA. El PNV no encuentra excusa para decir
que el juego se acabó, que no reclamarán reivindicación nacionalista alguna que coincida con
las que dice defender (?) ETA bajo amenaza. Tampoco CIU se ha desmarcado del acuerdo de Barcelona. Es conmovedor
leer que en el Parlament todos lo partidos estuvieron de acuerdo en no pedir al President Pujol que explicara su
rechazo al pacto antiterrorista PP-PSOE para no presentar un frente desunido en estos momentos de angustia por
tantos y variados motivos. No frente a ETA en el cual los campos están claramente divididos: en uno los
que están con el Pacto antiterrorista y en el otro los que no lo están, PNV, EA, IU, CIU, EC-Los
Verdes, ERC y el BNG. Así que el frente unido lo es ¿ante quién?. Da la impresión de
que se trata de un frente nacional-catalanista que tampoco quiere perder terreno. En Cataluña no existe
oposición en lo que toca a nacionalismo.
En la manifestación por el asesinato de Ernest Lluch la periodista Gemma Nierga se salió del guión
al decir que Ernest hubiera dialogado con su asesino y pidió a los políticos, que ellos que pueden,
dialoguen. Y tan claro era su mensaje, que advirtió que lo iba a hacer en castellano para que la entendieran
todos, lapsus que revelaba que el comunicado, redactado sólo en catalán, no iba dirigido a esos otros
catalanes que siguen creyendo en la Constitución y en la libertad y puso también de manifiesto que
no se había entendido el mensaje de ETA. No queremos saber nada de tender puentes para llevarnos a la solución
federal asimétrica, no creemos en soluciones dialogadas ni con la izquierda nacionalista. Sí puede
hablarse de izquierda nacionalista. Un alto dirigente del PSC ha dicho que él es nacionalista antes que
socialista.
Que lo del diálogo estaba fuera de lugar quedó de manifiesto en la manifestación de
Tarrasa: desapareció de las pancartas. Se pedía la paz, ¿a quién, a ETA? Pero no estamos
en guerra, estamos secuestrados por una banda de nacionalistas asesinos, que comparten objetivos con los otros
nacionalistas, que piden diálogo sin morirse de vergüenza, y otra vez ¿con quién? Rechazan
la violencia pero no hacen nada por combatirla desde las instituciones que presiden.
Pedro
Filibusteros del derecho
¿Qué se puede esperar del naciona-catalanismo, que no acata las sentencias del "propio"
Tribunal Superior de Justicia de Cataluña? ¡Qué catadura moral la de quienes se solidarizan
con el prevaricador en vez de con la víctima! ¡Qué siniestro ejemplo para los alumnos de la
Rovira i Virgili esa llamada a la desobediencia civil y el desacato.
Si algún día llegará a triunfar el motín de esos filibusteros del derecho y la nave
catalana de la independencia acabaríamos todos en galeras.
Manuel
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