Artículos de Maite Pagazaurtundua, Joseba Arregi y Arcadi Espada...
La libertad recobrada
Por Joseba Arregi (EL MUNDO, 21/10/11)
- "ETA ha matado porque no aceptaba el derecho de los vascos a pensar distinto, a vivir y a sentir diferente".
- El autor afirma que el comunicado de ETA es un nuevo y deshonroso intento de legitimar su historia de terror.
- Aboga por mantener la alerta ante una izquierda "abertzale" que sigue sin renunciar a su proyecto excluyente.
ETA NO ESTÁ teniendo dignidad ni altura ni siquiera en el momento de anunciar el cese de violencia. Porque sigue encerrada en su sueño de una historia legítima de terror, de haber matado y asesinado con razones, de haber hecho algo para el reconocimiento de una Euskal Herria que, políticamente, nunca ha existido. Y no tiene ni dignidad ni altura porque sigue utilizando un lenguaje inaceptable para cualquier ciudadano sensato.
Pero no le queda más remedio que reconocer, camufladamente, su derrota. Una derrota que ya estaba escrita, y que no se pone en peligro ni siquiera por las alusiones del comunicado a los pasos que se deben dar en respuesta a ese cese del terrorismo. Es una derrota que tiene padres.
Es una derrota que no ha caído del cielo, y que tampoco se ha cocinado en mesas ni conferencias extrañas y vergonzantes, si todavía algunos tuvieran un mínimo sentido del pudor. Es una derrota que ha tenido obstáculos importantes en el camino. Porque muchos son los que ahora están queriendo encabezar la procesión, pero que hasta hace muy poco se oponían a cada una de las medidas efectivas del Estado de Derecho que han llevado a la situación en la que ETA no ha tenido más remedio que bajar la cabeza y darse por derrotada.
Si no hubiera sido por las víctimas del terrorismo que empezaron a organizarse en los años de plomo, cuando nadie creía que se podía derrotar a ETA, que empezaron a reclamar su visibilidad frente al ocultamiento a la que les sometía la sociedad vasca y sus instituciones políticas, que empezaron a exigir memoria, dignidad y justicia, y que fueron conquistando un sitio en el espacio público de Euskadi, de España, y consiguieron que tuvieran que ser vistas primero, escuchadas después, y atendidas al final, no podríamos hoy decir que hemos recobrado la libertad.
Si no hubiera sido porque en un momento determinado el Estado toma la decisión de organizar la lucha antiterrorista sin tener que someterse a sensibilidades nacionalistas, si no hubiera sido porque Zapatero, entonces secretario general del PSOE, propuso un pacto contra el terrorismo al PP, si no hubiera sido porque el PP, el PSOE y el Gobierno de Aznar firmaron el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, si no hubiera sido porque gracias a dicho pacto el Congreso de los Diputados aprobó la Ley de Partidos Políticos –y hay que recordar quiénes votaron en contra–, hoy no estaríamos orgullosos de recobrar la libertad.
Si no hubiera sido por organizaciones cívicas como Gesto por la Paz, y otras después, que contra viento y marea se concentraron en pedir la desaparición de ETA sin contrapartida alguna, si no hubiera sido por resistentes vascos contra ETA, contra su tiranía, contra los legitimadores de todo lo que suponía ETA en los medios de comunicación, en las tertulias, en los debates televisivos, hoy no estaríamos en condiciones de alegrarnos porque somos libres de nuevo.
Si los que ante cada actuación del Estado de derecho contra ETA gritaban diciendo que ése no era el camino, si los que estuvieron desde el primer momento en contra del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, si los que tenían hasta hace muy poco clarísimo que el único camino para acabar con ETA era la negociación política, si los que al aprobarse la Ley de Partidos Políticos anunciaron, como los obispos vascos, que miles de jóvenes iban a pasar a la clandestinidad y a engordar las filas de ETA, si los que se desgañitaron a favor del Plan Ibarretxe porque era la única forma de traer la paz y acabar con ETA nos hubieran convencido, hubieran ganado, hoy quizá ETA no existiría, pero porque habría conseguido todo lo que quería: eliminar la libertad de los vascos.
Hoy estamos donde estamos porque los primeros, los padres de la derrota de ETA, se mantuvieron firmes y no cedieron, a pesar de que, en no pocas ocasiones, la opinión pública mayoritariamente estaba en su contra. Y hoy estamos donde estamos, celebrando la victoria de la libertad, porque los segundos, aunque en las últimas fechas se hayan apuntado a dirigir la procesión que trataron de impedir con todas sus fuerzas, la derrota policial y política por el Estado de Derecho de ETA, han fracasado en toda línea.
No es cuestión de querer llevar la razón, ni de pasar factura. Se trata de algo que no está muy en boga, aunque todo el mundo hable estos días de memoria. Se trata de recordar, y de recordar no para conmemorarse a uno mismo en un pasado glorioso, sino para saber que la tarea de defender la libertad nunca termina. Porque los que no vieron que la actuación del Estado de Derecho acabó con el mito de la imbatibilidad de ETA, quienes seguían diciendo que si no se negociaba con la banda estaríamos en un empate infinito, son los que han criticado a los partidos democráticos por no ser capaces de extraer las consecuencias de la supuesta profunda reflexión que llevaba a cabo Batasuna y la izquierda nacionalista radical, una reflexión que no era otra cosa que acomodarse al escenario creado por el Estado de Derecho: o terrorismo o juego político, pero nunca más ambas cosas.
Porque los que no aceptan que haya sido el Estado de Derecho el que ha provocado la derrota de ETA, y con ello el comunicado de ayer, son los que se han empeñado en los últimos tiempos en separar la violencia terrorista de ETA de su proyecto político, los que han tratado y siguen tratando de preservar el proyecto nacionalista radical de la ignominia de la derrota de ETA. Son los que han dicho y escrito que ETA no mataba en nombre del pueblo vasco, son los que han dicho y escrito que sin violencia cualquier proyecto político, también el de ETA, es legítimo. Son los que han dicho y han escrito que la violencia era un instrumento táctico que conviene dejar a un lado en estos momentos para adecuarse a la nueva situación creada por la actuación del Estado de Derecho, olvidando que ese instrumento no es de usar y tirar, porque ha creado realidades ontológicas que son los más de 800 muertos.
Y SON LOS que ahora seguirán diciendo, en línea con el comunicado de ETA, que es la hora de resolver el conflicto vasco, de una vez por todas, que es la hora de la solución integral del problema vasco, de plantear un nuevo pacto con España sobre el derecho a decidir, es decir, son los que siguen empeñados en plantear en la sociedad vasca proyectos que siguen siendo incapaces de tomar en serio el pluralismo y la complejidad de la sociedad vasca y de la identidad vasca. Es decir, son los que siguen empeñados en proyectos que tienen dificultades para defender el derecho de los ciudadanos vascos a la diferencia, a una opinión libre, a una identidad libre, compleja, mestiza, dual, cosmopolita o como quieran. Son los que tienen dificultades para extraer las consecuencias políticas del derecho de los ciudadanos vascos a la diferencia en el sentimiento de pertenencia, de sentirse pertenecientes a una, dos o todas las naciones que quieran o a ninguna. ETA ha matado porque no aceptaba la libertad de pensar distinto, de vivir diferente, de sentir diferente a ella misma.
ETA ha matado la libertad. En estos momentos en los que anuncia el cese de la confrontación armada –¿con quién?– y los ciudadanos podemos sentirnos orgullosos de haber recobrado la libertad que quizá nos dejamos arrebatar demasiado fácilmente, tenemos que saber que la libertad se gana día a día, que la libertad se defiende día a día, que el trabajo de la defensa de la libertad no se termina nunca.
ETA desaparece como organización, aunque no tienen la capacidad de decirlo con claridad y palabras sencillas. No desaparece su lenguaje, no desaparece su historia, no desaparece su pretensión de legitimar su historia de terror, no desaparece la pretensión nacionalista excluyente. Orgullo y alegría sí, pero alertas para seguir defendiendo la libertad.
Joseba Arregi es ex consejero del Gobierno vasco y escritor.
Ha vencido la libertad
Por Joseba Arregi (EL PERIÓDICO, 21/10/11)
Y no pido perdón por no utilizar la palabra paz. Con el comunicado en el que ETA anuncia el cese de la confrontación armada -¿con quién?- los ciudadanos vascos y españoles recobramos la libertad. La libertad de poder vivir sin escoltas, pero sobre todo recobramos la libertad de ejercer el derecho a la diferencia -de opinión, de sentimiento de pertenencia, de identidad- sin ver por ello amenazada nuestra vida.
Es un día de gran orgullo por la victoria de la libertad contra su gran enemigo en Euskadi y en España. Ha vencido la libertad gracias al Estado de derecho que ha cumplido con su deber a lo largo de los últimos largos años. La función del Estado de derecho radica en proteger la vida, la libertad y el derecho de los ciudadanos. Y eso es precisamente lo que ETA ha querido impedir, y ha impedido asesinando a más de 800 personas.
ETA tenía miedo a la libertad, a los ciudadanos vascos libres. Por eso mataba. Porque no quería una sociedad de ciudadanos libres, de ciudadanos que se tomaban en serio su derecho a pensar con libertad, a sentir con libertad, a opinar en libertad, a vivir la diferencia interna a la sociedad vasca con toda libertad. La Euskal Herria cuyo reconocimiento reclama ETA en el comunicado es un lugar fantasmagórico en el que no existe libertad alguna, en el que no existe sitio para nadie que no pensara como ETA y Batasuna.
Hoy es un día para celebrar la victoria del Estado de derecho y la democracia contra ETA. Nada de lo que ha sucedido los últimos días, esa escenificación que solo sirve para tapar la falta de altura de ETA en el momento de la derrota, para hacer aparecer a esta como algo que se ha producido en mesas, conferencias, negociaciones y no se sabe qué más cosas, puede ocultar la verdad del momento: ETA no ha hecho más que confirmar lo que comenzó a producirse desde el momento en el que el Estado decidió utilizar todos sus medios legítimos para defender la democracia, el derecho y la libertad frente a los liberticidas. El comunicado de ayer, del que solo vale la confirmación de su derrota -aunque la camuflen-, es el punto final de una historia que se empezó a escribir cuando las víctimas reclamaron visibilidad en la sociedad vasca, cuando Zapatero propuso el pacto por las libertades y contra el terrorismo, cuando el PP, el PSOE y el Gobierno de Aznar firmaron dicho pacto y en su secuela aprobaron la ley de partidos políticos, cuando, gracias a todo ello, se acabó el mito de la imbatibilidad de ETA.
Ahora toca gestionar la libertad recuperada. La democracia, en definitiva, no es otra cosa que la gestión diaria de la libertad, del pluralismo, del derecho a la diferencia. Ahora que hemos recobrado la libertad nos toca defenderla con uñas y dientes contra todos aquellos que nos quieran imponer proyectos totalitarios, excluyentes, contra todos aquellos que siguen soñando con una Euskadi homogénea en el sentimiento de pertenencia, que no saben qué hacer con el pluralismo y la complejidad estructurales de la sociedad y de la identidad vasca.
Último tiro en la nuca
Por Arcadi Espada (EL MUNDO, 21/10/11)
¿QUÉ HAY después de cuarenta años, cientos de muertos, miles de heridos y exiliados?: España, un Estado de Derecho. Un Estado que liquidó ayer, hacia las siete de la tarde, el último excremento del franquismo y el primero del nacionalismo, cuando tres patéticas capuchas dijeron adiós a las armas para siempre. La magnitud del drama se aprecia en la grieta que se abre entre las frases 18 y 19 del comunicado. La frase 18 dice: «ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada» Y esta es la siguiente: «ETA hace un llamamiento a los gobiernos de España y Francia para abrir un proceso de diálogo directo que tenga por objetivo la resolución de las consecuencias del conflicto y, así, la superación de la confrontación armada». Cualquiera con estudios primarios habría visto aquí un intolerable anacoluto, «una inconsecuencia en la construcción del discurso» por decirlo en palabras académicas. Cuando se ha escrito una frase que dice «ETA ha decidido el cese definitivo...» ya nunca jamás se puede escribir otra que atribuya alguna acción presente o futura a ETA. Fuera, se acabó. Si ETA deja las armas, ETA ya no exige, ni insta ni reclama, ni siquiera, como hacían con modestia, tal vez un punto conscientes de su nueva condición, «hace un llamamiento». ¿A quién vais a llamar, ahora, peleles? ¿Quién os va a hacer el más mínimo caso para superar no sé yo qué conflictivas supuraciones de la historia? Ya os lo dijimos en las calles, más de una vez: «¡Sin pistolas no sois nada!» Nada. Un anacoluto. Una irrisión. Como máximo, os lo diré una vez más gramaticalmente: una última pasiva refleja de cuatro tontos útiles. Útiles.
Yo comprendo a los que quieren que ETA pida perdón. Los comprendo y los quiero. Pero eso es un imposible ontológico. Tan imposible como que las armas callen. ETA sólo dispara. Les reclaman no sólo el perdón sino que los terroristas vayan al fondo de su propia historia. ¡Quia! Miremos de frente, nosotros que sí podemos, la última bala que han disparado. A la nuca, como siempre, evitando mirar a los ojos. A su nuca, evitando sus propios ojos. ¿Valentía póstuma, pedís, a esos cobardes que sólo supieron matar por la espalda?
España es un país infeliz, viejo y limitado. Pero ha vencido. Su policía, sus jueces, sus políticos, tantas veces ineficaces, vagos, corruptos... han vencido. Yo, que soy un sectario y que procuro no deberle nada a nadie, sólo lamento el beneficio que de este último tiro en la nuca saque el nacionalismo. Ahora que cuando abra la boca ya no nos llegará el olor a sangre.
Por imperativo legal, perdonamos
Por Arcadi Espada (EL MUNDO, 22/10/11)
Querido J:
Maite Pagaza es una mujer admirable. Te lo he dicho y escrito decenas de veces. Las razones son múltiples, pero ahora sobresale una: ha conseguido que su condición de víctima del terrorismo sea marginal. En el espacio público Maite Pagaza ya no es la dama consorte de la muerte, sino una mujer intelectualmente enfrentada al complejo asunto moral de la convivencia entre asesinos y víctimas en el próximo País Vasco. Entre sus últimos trabajos, como presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, está un documental que se presentó el miércoles en Madrid. El 27 de marzo de 2011, nueve personas se reunieron para debatir el Documento de la Justicia que la Fundación había elaborado semanas antes. El encuentro fue filmado íntegramente. Manifiesto para un final se llama. Extremadamente sobrio y de gran interés. La asociación quiere organizar proyecciones en toda España y tejer una trama de debates. Para pellizcar el músculo moral de la sociedad española. Será necesario. El Estado ha derrotado a ETA. Ahora habrá que escribir la crónica. Yo recomiendo consultar a los franquistas, si queda alguno, porque entienden mucho de este asunto; ellos que ganaron la guerra pero permitieron que sus enemigos la escribieran.
Como puedes imaginar, en el documental se atropellan los asuntos graves. Aunque tengo debilidad por el perdón. Debe de ser algo constitutivo, porque no sé perdonar y uno aprecia siempre lo que no tiene. No conozco el perdón ni el rencor. Yo sólo olvido, con una facilidad líquida. Más de una vez me he descubierto saludando, y hasta con efusión, a un sinvergüenza que me hizo víctima en el pasado de alguna mala jugada. Pero el pasado lo he evocado ya en la escalera, en espíritu, alejado el cuerpo. Y sé que mis violentas maldiciones de autorreproche tampoco durarán mucho tiempo. Disculpa estas expansiones: me intriga la gente que recuerda y perdona. En el documental hay un momento de gran trascendencia sobre el perdón. Lo protagoniza Antonio Recio. Te transcribo lo que dice: «La firma del papel [se refiere al documento que puede cambiar el régimen penitenciario de un etarra] puede ser por imperativo legal. Esto os puede sonar a risa y a ficción, pero ya se ha producido. Hace menos de dos meses un etarra, cuando se pone delante de un papel, delante de la Junta de Vigilancia Penitenciaria, dice que pide perdón a las víctimas y se separa de la banda, por imperativo legal. Hombre… Obviamente, la Junta de Vigilancia Penitenciaria no le concedió el grado. Pero es que tuvo el valor de hacerlo».
Humm…
El imperativo legal. Recuerdo los años en que los dirigentes de Batasuna acataban la Constitución por imperativo legal para tomar posesión del escaño. Mucha gente vio aquello como una claudicación. Yo también, pero de los abertzales. La medida política más importante que tomó el Estado de Derecho, y la que, con el apoyo constante y eficaz de la Policía, ha conducido a la derrota terrorista, fue la ilegalización de Batasuna. Es decir, un imperativo legal. Aparentemente, sólo hay hipocresía en el etarra que pronuncia su extraño perdón ante las autoridades de la cárcel. Parece estar diciéndoles: ni me arrepiento ni dejo la banda. Descartemos, por irrelevante y caduco, el segundo supuesto: ya no hay banda. Pero, ¿cómo demostrar que es verdad lo que está diciendo? Es decir, ¿cómo demostrar que ha tomado su decisión por imperativo legal, precisamente, y no por miedo, cansancio, lujuria, hambre de comodidades o interés en ser padre? Inútil, incluso, sería argumentar que su hipocresía se demuestra «por lo que dice». Porque eso sería atribuir a lo que dice, y en toda circunstancia, un carácter indiscutible. Sería aceptar que cualquier etarra que diga «me arrepiento» está diciendo la verdad, y ahí tiene la puerta abierta esperándole.
Pero es que la verdad, esa verdad íntima e infalible a la que parece querer acceder Recio, no importa. Para nada importa el sucio corazón de un etarra. Lo que nos importa es la inclinación de cabeza ante la autoridad. Humillar es un verbo castellano y taurino. «Yo me arrepiento», deberán decirlo. Se les puede imponer, incluso, las cuatro palabras justas que deberán decir. Y ni una coma de más ni de menos. Las dirán, no hay cuidado. Es posible que, como las criaturas felonas, crucen los dedos por detrás al decirlas. En mi época, los felones llegaban hasta el extremo de presentar encima de la mesa sus 10 dedos rectos mientras proclamaban. Luego salían y te confesaban a la oreja, derrotados y patéticos, que tenían los pelos (incipientes) de los cojones cruzados. Allá ellos: el Estado no entiende de supersticiones. Una banda derrotada y arrepentida por imperativo legal. Si hubiera banda, aún se podría probar de algún modo fáctico el arrepentimiento. La manera más usual ha sido siempre la colaboración con la policía. Pero ya no hay nada que delatar. Ya no se trata de un abandono individual, sino de un derrumbe colectivo. Ahora ya sabemos lo que significaba aquello del derecho de autodeterminación. Olvidamos muy pronto. Yo, el primero, ya te he dicho. Hace muy poco tiempo parecía por completo inconcebible que ETA abandonara definitivamente las armas sin la expectativa concreta de un referéndum. Estábamos gozosamente confundidos: el derecho de autodeterminación sólo significaba el derecho de cada uno de los presos a optar por el arrepentimiento. El título maravilloso y profético de aquel libro de Aranzadi, Juaristi y Unzueta: Auto de terminación. En efecto.
Hay algo más. Nos afecta a nosotros, esta persona del verbo que hay que administrar con tanta homeopatía. Hace algún tiempo escribí que lo peor de exigir el perdón a los etarras es que habríamos de dárselo. Porque, en efecto, no se concibe una circunstancia de penitencia unilateral, no correspondida. No sé qué opinarán las víctimas que aparecían en el documental de mi querida Pagaza. Víctimas hay de muchos pareceres. Es esta humanidad plural la que las diferencia, y muy precisamente, de sus asesinos. Yo me atrevo a pedirle a Antonio Recio que revise la jurisprudencia del perdón. Sobre todo para que las víctimas españolas, como hicieron desde el primer muerto, puedan seguir acogiéndose cada día del resto de sus vidas al imperativo legal. Y que así, desde su más estricta observancia, perdonen. Las que puedan perdonar y las que no.
Sigue con salud
A.
A cara decubierta
Maite Pagazaurtundua, El Diario Vasco, 22/10/11
Los portavoces de la banda terrorista ETA no se han quitado las capuchas y es normal. No se han disuelto. No han acatado la ley. No han acatado la doctrina de la reinserción social que ofrece generosamente la legislación española para los penados de la banda terrorista. Han escondido detrás del comunicado las palabras que están en la resolución que cocinaron para ellos -o que cocinaron con ellos- . Las palabras que la resolución muestra sólo un poquito, pero cuyo eco no dejaremos de escuchar en los próximos meses dentro de una estrategia de banalización e irresponsabilización de la estrategia cruel del mal que ha marcado la vida de dos generaciones en nuestro país.
Al menos ya no resulta eficaz matar en su estrategia, aunque no han dejado de tener pálpito totalitario. Como en los videojuegos, hemos superado una pantalla y los que seguimos a cara descubierta deberemos desenmascarar cada nueva trampa y cada nuevo truco, cada nueva amenaza que buscará contradicciones entre los ciudadanos y los representantes políticos de los partidos democráticos, porque buscar, buscan impunidad.
Cambia el escenario de un juego que sigue estando lleno de crueldad por parte del mundo de ETA, pero es lo que hay. Como pondrán a juego nuestro temple y nuestra inteligencia política y moral, ojalá en esta fase de juego les obliguemos a asumir la condena de la historia del terror, la asunción de su importante responsabilidad en tantos años de miseria interna para la sociedad vasca y navarra. Ojalá consigamos que no banalicen la verdad del destrozo y que no consigan convertir en desecho de la historia a los inocentes que vivieron el infierno del acoso, la persecución, la muerte social, la indiferencia, la extorsión económica, la huida de sus casas o los brutales atentados.
Lo mejor: la espontánea reacción de emoción y cariño hacia las víctimas del terrorismo de toda la sociedad española. Los mejores sentimientos afloraron en los ojos y en las palabras de periodistas curtidos en mil crónicas y en los mensajes de ciudadanos que querían hacer llegar su abrazo a los que llevaban en su corazón desde que el zarpazo del dolor los desbaratara. El agradecimiento a las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado, jueces y fiscales. Los de ETA llevaron a la opinión pública al borde de un ataque de nervios en las últimas semanas, pero ahora, por favor, sacudámonos la euforia y respetemos los tiempos de la reflexión y la actuación sensata y prudente por parte de todos. Aunque sea tiempo de campaña. Cuiden las metáforas durante la campaña. Por favor no defrauden la energía de tanta gente de buena voluntad que desea confiar en sus líderes.
Las víctimas exigen un final de ETA sin impunidad y fiel a la ley
La FVT ha presentado un documental en el que varias víctimas debaten sobre cómo debe ser el final del terrorismo en España
libertaddigital 19/10/2011
La Fundación de Víctimas del Terrorismo ha reiterado las líneas que a su juicio deben guiar el final del terrorismo y ha exigido que la derrota de ETA llegue sin impunidad y con el cumplimiento de la ley. Según ha advertido la presidenta de la FVT, Maite Pagazaurtundua, España se juega en ello convertirse en un país de "pícaros y chapuceros" o, por el contrario, en uno con "sentido del deber en el que se pueda confiar".
La Fundación ha presentado este miércoles un documental en el que varias personas de la sociedad civil debaten sobre el terrorismo etarra y cómo consideran que debe alcanzarse su final, todo ello alrededor del documento que la práctica totalidad de las asociaciones de víctimas presentaron hace once meses para dejar claras sus exigencias.
Según ha recordado ahora Pagazaurtundua, el texto ya recogía algunos de los temores de las víctimas que ahora se están materializando, como la normalización del lenguaje del mundo de Batasuna o la tentación de una impunidad judicial, histórica o social con el terrorismo. Según ha advertido, el entorno de Batasuna tiene una gran capacidad de propaganda. "Tal vez sólo Apple vende mejor sus productos", ha bromeado.
Las víctimas exigen unas reglas del juego "claras" y "comprensibles para todos" que se basen en el cumplimiento de las leyes. "Sólo pedimos que se siga la ley, que se siga el modelo del Estado de Derecho, no hay que inventar nada nuevo", ha explicado Pagazaurtundua, quien quiere que este debate se traslade a toda la sociedad "de manera no demagógica ni retórica".
"La sociedad española puede quedar como una sociedad de pícaros o chapuceros o como una sociedad con sentido del deber en la que se pueda confiar también para otras cuestiones –ha sostenido–. Es el gran dilema que tenemos. No podemos aparentar que no sabemos respetar nuestras propias leyes".
La "parodia" de la conferencia
En este contexto, ha abordado la Conferencia de San Sebastián y para ello ha recurrido a palabras del catedrático Fernando Reinares, que alertó de que en el documento final clamaba por su ausencia la palabra 'terrorismo' mientras que clamaba por su presencia la palabra 'todas' en relación con las víctimas.
En el debate de este miércoles también ha participado el filósofo Fernando Savater, quien ha calificado directamente de "parodia" la Conferencia y ha rechazado que se tratase de una cumbre internacional. "Si hubiera sido una película se hubiese llamado 'el proyecto del brujo de Blair'", ha ironizado.
Savater ha incidido en la necesidad de aceptar el Estado de Derecho "tal y como es" y no modificarlo "para darles el gusto" a los terroristas. "Quienes quieran integrarse tienen que hacerlo en la sociedad de derecho que hemos construido –ha sostenido–. Tiene que haber vencedores y vencidos y tienen que quedar marginados quienes han utilizado la violencia o la han justificado".
El filósofo ha rechazado también cualquier medida con los presos etarras y ha recordado que permanecen en la cárcel por haber cometido crímenes. "No son presos políticos, todo el mundo mata a los demás por ideas, pero eso no quiere decir que sean presos políticos porque el asesinato es un crimen", ha insistido antes de subrayar la necesidad de "firmeza" y no caer en la tentación de "hacer algo que parezca que se ha resuelto y no se ha resuelto".
Reto de Savater para debatir con él
Esta red de debates continuará con su labor por toda la geografía española y tratará de enfrentar la visión de dos personas con ideas contrapuestas sobre el final del terrorismo. El primero de los debates se celebrará en Granada y correrá a cargo de la propia Pagazaurtundua y un periodista.
Sin embargo, la idea es que los participantes no sean miembros del colectivo de víctimas y se trate de intelectuales dispuestos a debatir sobre el asunto. Ante esto, ha reconocido la dificultad de encontrar a personas dispuestas a contraponer su visión con la de las víctimas o personas como Fernando Savater.
El propio Savater estará a cargo del debate que se celebre en San Sebastián, para el que ha adelantado que pedirán un local al Ayuntamiento de la ciudad, en manos de Bildu, y se ha ofrecido dispuesto a discutir "con quien sea". "Hemos tanteado a personas que no se atreven", ha avanzado Pagazaurtundua.
23/10/2011 - Maite Pagazaurtundia, Joseba Arregi, Arcadi Espada









