El 5 de junio de 1982, la barbarie terrorista de ETA irrumpió en Santurtzi para arrebatarle la vida a Rafael Vega Gil

05 - 06 - 2026 / ANVITE - FACEBOOK

Empresario vinícola riojano de 48 años, fue acribillado a tiros en su propio lugar de trabajo tras ser objetivo de la despiadada extorsión del mal llamado "impuesto revolucionario". La inmensa crueldad de aquel día obligó a uno de sus hijos, de tan solo 17 años y que trabajaba con él, a encontrar a su padre malherido.

Pero el terror no se detuvo con aquellos disparos. Las balas de ETA cobraron una segunda vida meses después: la de su viuda, María Dolores Berisa Martínez, natural de Azagra. Incapaz de soportar el dolor insuperable y el vacío dejado por el asesinato de su marido, acabó quitándose la vida. Cuatro hijos quedaron sumidos en una doble y devastadora orfandad, demostrando que la destrucción del terrorismo iba mucho más allá del instante del atentado.

Frente a la inmensa tragedia humana que destrozó a esta familia, choca frontalmente la indignidad de los verdugos. El hecho de que su asesino, una vez en la calle, se jactara públicamente de no sentir ningún tipo de remordimiento es una humillación cruel que nos recuerda por qué el olvido jamás puede ser una opción.

Rescatar su historia es un deber moral frente a quienes intentan blanquear el pasado. Por Rafael, por María Dolores, por sus cuatro hijos y por todas las víctimas y familias a las que se les robó el futuro.

Que su memoria permanezca siempre viva.

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