El cumpleaños romano de Trump
Mientras los psicólogos y psiquiatras afilan sus lápices y preparan sus divanes, Donald Trump decidió celebrar su 80 cumpleaños de la forma más sutil y discreta posible: montando un octágono de UFC en el jardín sur de la Casa Blanca. Nada de velas, tarta ni globos. Jaula, sangre y puñetazos. Porque, según parece, a cierta edad y estilo masculino uno ya no se conforma con soplar y pedir deseos: hay que ver cómo otros se parten la cara para sentirse vivo. Recordando al Dr. John Gray, ¿siguen los hombres siendo de Marte y las mujeres de Venus? Mientras el resto de mortales lidiamos con la artrosis y el colesterol, el presidente estadounidense combate la bajada de testosterona con un espectáculo que habría hecho sonrojar a un emperador romano. “¡Pan y circo!”, gritaban los plebeyos. “¡UFC y Merchandising!”, responde el MAGA. Los boxeadores no entraban desfilando por el pórtico; salían directamente de las estancias históricas de la Casa Blanca como si el Despacho Oval fuera el vestuario de un gimnasio cutre de Las Vegas. Espectacular. Sublime. Levemente inquietante.
TERESA GIMÉNEZ BARBAT - ARTÍCULO 14
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