La lengua susurrada
Cuántas veces he entrado yo en aviones que salían desde Barajas con destino a París, a Berlín, a Nueva York o a Chicago y he dicho buenos días en español, pues estábamos en Madrid, y la azafata me ha mirado como quien mira a un extraterrestre de lenguaje desconocido, que se arrogaba la exhibición de una lengua sin prestigio internacional. Cuántas veces he vuelto a decir buenos días mientras mis compatriotas españoles estaban encantados de balbucear un «Good morning» o un «bon jour», porque hace siglos que olvidaron la visibilidad de su lengua o desconfiaron y desconfían de ella
MANUEL VILAS - ABC (VÍA ALMENDRÓN)
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