Ni conspiración permanente ni conjunción astral

23 - 06 - 2026 / FÉLIX OVEJERO - EL MUNDO

En lo que llevamos de mes han coincidido la imputación de Zapatero, las nuevas diligencias del caso Leire Díaz con citaciones de abogados y registros en Ferraz, la sentencia del caso Koldo, Ábalos, la apertura de juicio a Begoña Gómez y el caso del hermano del presidente. A eso se sumaron comparecencias en el Senado, artículos de opinión – que siempre funcionan con decalaje y de eso sé yo algo – y el goteo habitual de noticias sobre corrupción. La respuesta del PSOE ha sido inmediata: tanta coincidencia no podía ser casual: había una confabulación entre los jueces y la derecha para hundir al Gobierno.

En una interpretación caritativa, la acusación sólo confirma una elemental ignorancia estadística.

Un caso judicial no es un acontecimiento singular sino un proceso con docenas de hitos procesales sucesivos. Hay denuncia o atestado policial, diligencias previas, declaraciones de investigados, informes periciales, autos de apertura de juicio oral, registros, citaciones de testigos, conclusiones provisionales, juicio, sentencia, - y si ocurre que se recurre - apelación ante la Audiencia Provincial, casación ante el Supremo y, llegado el caso, amparo constitucional. Cada uno de estos pasos, razonablemente, merece atención periodística. Un proceso penal de cierta complejidad puede durar varios años, sembrado de fechas procesales a lo largo de todo ese tiempo. Un rudimentario cálculo ayuda. Si contamos los procesos activos tenemos al menos seis frentes abiertos, cada uno con su propio ritmo procesal, citaciones, autos, registros,.. informes de la UCO, declaraciones, escritos de acusación. Si asignamos a cada uno de esos una probabilidad del 25% - modesta para procesos tan activos – la probabilidad de silencio total cae al 17%, lo que significa que en más del 80% de las semanas habrá alguna novedad judicial. Y, si añadimos que las comparecencias parlamentarias, los artículos de opinión y las filtraciones tienen sus propios calendarios independientes entre sí y del ritmo de los juzgados, la “coincidencia” deja de ser un misterio para convertirse en la situación estadísticamente normal. Lo que requeriría explicación es la semana en que no pasa nada.

Lo interesante no es la coincidencia, sino el argumentario. La denuncia de conspiración tiene una virtud lógica formidable: resulta irrefutable. Cuanto más se acumulan los casos, más prueba de la conjura, cuanto más tiempo dura, más prueba de persecución. El proceso judicial se convierte en prueba de la propia inocencia y la inocencia, paradójicamente, en prueba del proceso.

Eso sí, hay un modo de disolver las posibilidades conspirativas: evitar los delitos. No es el único, también cabe la solución catalana: despenalizarlos.

FÉLIX OVEJERO - EL MUNDO

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