Veinte años del asesinato de Manuel Indiano

29 - 08 - 2020 / JOSÉ ANTONIO PÉREZ PÉREZ - FACEBOOK

Veinte años del asesinato de Manuel Indiano

Los amantes del cine quedamos fascinados la primera vez que vimos Blade Runner. Y la segunda, y la tercera y todas las veces que volvemos a disfrutar de una película que se ha convertido por derecho propio en un referente del séptimo arte. Admiramos su guion, su puesta en escena, el ambiente opresivo de ese mundo futuro y tenemos grabados a fuego sus diálogos más brillantes. Nos sabemos de memoria las últimas palabras que pronuncia Roy Batty. Seguro que ustedes también. Un instante antes, el enigmático replicante, consciente del poco tiempo de vida que le queda, salva en el último momento la de su acosador implacable y sentencia:  "Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo". En la Euskadi más negra, y no solo la de los años de plomo, sino la de finales de los noventa, mucha gente vivió de esa manera, esclavizada por el miedo y a pesar de ello, ejerciendo su libertad mientras sus acosadores cerraban en el círculo sobre ellos y otros muchos se ponían de perfil. La historia de Manuel Indiano, de cuyo asesinato se cumplen hoy mismo veinte años, es una las muchas que se vivieron en aquella época. Cruel, brutal y siniestra. Es la historia de un hombre condenado a muerte desde que decidió figurar en las listas del Partido Popular a las elecciones municipales del año 1999 en la localidad de Zumárraga. Podrían escribirse ochocientas cincuenta Patrias diferentes, una sobre cada víctima del terror de ETA, sobre la miserable tela de araña que se fue tejiendo en torno a ellas, incluso después de muertas. Y aun así no llegaríamos a comprender verdaderamente lo que significó vivir con miedo.

Me van a permitir que esta mañana recuerde a Manuel Indiano y a su mujer, Encarnación Carrillo. Ambos eran de origen inmigrante. Él había nacido en Madrid, aunque su madre era natural de Alcaudete, un pequeño pueblo de Jaén, de donde procedía también la familia de Encarni. Ella misma ha comentado como se conocieron: "Manuel y yo nos conocíamos desde pequeñitos, pues teníamos familia en común, y así es como nació nuestro amor. Por eso un buen día Manuel decidió trasladarse a Zumárraga y empezamos nuestra relación". Poco podían imaginar que su historia terminaría de un modo tan trágico. Hay circunstancias en la vida que acaban truncando para siempre las ilusiones de una pareja. Aunque Indiano tenía una sólida formación, un accidente y otra serie de circunstancias adversas impidieron que encontrase un trabajo estable a la altura de sus capacidades. Mientras tanto, ella había conseguido empleo en el servicio de limpieza del ayuntamiento de Zumárraga. Fue allí donde conoció a un concejal del PP y a otro militante de este partido con los que trabó amistad. Y fue a través de ellos como surgió la idea de que Manuel se incorporase como independiente a las listas del PP para las elecciones municipales de 1999. Los populares eran la última fuerza política con representación en el pueblo y hasta ese momento tan solo contaban con un concejal, Valerio Martínez, que había conseguido ser elegido por un escasísimo margen de votos en 1995. Sin embargo, la buena labor que realizó este último y el crecimiento que había experimentado el partido en los últimos años en el País Vasco, a pesar de la persecución que sufría, hicieron que las posibilidades de sacar un concejal aumentasen en aquella elecciones.

El anuncio de la ruptura de la tregua de ETA lo cambió todo y aquel espejismo que la organización terrorista utilizó para rearmarse sembró el pánico entre los siguientes candidatos que formaban parte de la lista. Como me recordaba mi compañero y amigo Javi Gómez en un texto que me pasó hace unos días el segundo de la plancha era Faustino Villanueva, que jubilado y a sus 71 años se dedicaba por completo a colaborar en obras sociales como la rehabilitación de toxicómanos. En diciembre y tras la ruptura de la tregua, Villanueva presentaba su dimisión. Tres vecinos iban por detrás de él en la lista que había preparado el PP de Zumárraga en las elecciones municipales de 1999, pero ni el tercero, ni el cuarto ni tampoco el quinto de la lista quisieron tomar posesión del escaño que abandonó Faustino. Quien sí lo hizo fue Indiano, “convencido -según contaron años después dos miembros del PP-, de que un hombre en paro, desconocido en todas partes, especialmente en Zumárraga, nunca sería objeto de la más mínima atención por parte de nadie, incluso de los terroristas”. El pobre Manuel, se equivocó.

Unos pocos meses después Indiano se hizo con el traspaso de un pequeño negocio, una tienda de chucherías, que sería el escenario de su asesinato. El local fue reinaugurado el día de San Juan, tras acometer una serie de reformas y durante las primeras semanas tuvo mucho éxito. La suerte, por fin, parecía sonreír a la pareja. Pero las cosas se torcieron muy pronto, en el momento en que su nombre apareció citado en una revisa local ligada a la izquierda abertzale. Fue el primer aviso. El segundo llegó en forma de diana con su nombre dentro pintado en una pared. Algunos especialistas en historia de la Mafia niegan que pueda establecerse un paralelismo entre este fenómeno y el terrorismo en el País Vasco. Yo niego la mayor. Sus procedimientos, el control absoluto que ejercieron sobre las pequeñas localidades, el chantaje y el terror que infundieron a sus víctimas fueron muy similares. Tras aquellas pintadas llegaron las llamadas amenazantes. Y el miedo comenzó a hacer mella en aquel hombre y en su pareja, para entonces en avanzado estado de gestación. Sí, decía el orgulloso replicante, más humano que los humanos que vivir con miedo constituye toda una experiencia, que eso significa ser esclavo. Manuel y Encarni lo sintieron en sus propias carnes y a pesar de ello resistieron, siguieron en pie.

Para entonces él había renunciado a llevar escolta, al entender que era incompatible con el hecho de regentar su negocio, una tienda de chucherías a la que acudían decenas de niños.  Asesinar a Indiano en su propia tienda fue tan fácil para los chivatos de ETA y para sus pistoleros como matar una mosca. El 29 de agosto de 2000, sobre las 10:30 horas, tres pistoleros de ETA entre los que se encontraba Francisco Makazaga, irrumpieron en el local y acabaron a tiros con la vida de Manuel Indiano. Su cuerpo quedó tendido en medio de un charco de sangre, rodeado de gominolas y caramelos.

Epílogo:

La terrible historia tiene un epílogo cruel que refleja hasta qué punto el terrorismo de ETA impidió que miles de ciudadanos pudieran ejercer con libertad su voto. Tras el asesinato de Manuel Indiano nadie quiso sustituir al edil popular, pero tampoco quisieron mantener sus actas los concejales socialistas. Meses después y uno a uno dejaron a su formación sin representantes en el ayuntamiento de Zumárraga tras haberse negado a llevar escolta. A pesar de los esfuerzos y de la implantación que tenía el PSE en la localidad no encontró relevo. El terrorismo de ETA y el acoso de su entorno hizo que los 1.834 vecinos (un 30%) que habían apoyado a los socialistas se quedasen sin representantes. Hubo un hecho excepcional. La concejal de Euskal Herritarrok (la marca que por entonces utilizó HB en forma de coalición) Montse Torner, crítica con los atentados de ETA, también presentó su dimisión. En el año 2002 hizo lo mismo Usua Busca, amiga de Encarnación Carrillo y concejal de Eusko Alkartasuna. Como ha recordado Javi Gómez, Usua fue madrina de María, la hija póstuma de Indiano (nacida en octubre de 2000). Su relación con la viuda del concejal del PP hizo que fuera acosada sistemáticamente por la izquierda abertzale debido a su decidido apoyo a la viuda de Manuel.

Sí, en el País Vasco fue toda una experiencia vivir con miedo. Algunas personas valientes se enfrentaron cara a cara con él y lo pagaron con su vida.

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El PP vasco evoca en Zumarraga que 20 años después aún «resuenan» en su memoria «los 14 disparos contra Indiano»

EL DIARIO VASCO


MANUEL INDIANO AZAUSTRE

RTVE 29/08/2000

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