ZP La corrupción es lo de menos

08 - 06 - 2026 / IVAN ESPINOSA DE LOS MONTEROS - LIBERTAD DIGITAL

La Historia lo juzgará por las consecuencias de hacer una política que debilitó los vínculos de confianza que mantienen unida a una nación. Zapatero corre el riesgo de ser recordado por haber inoculado en la política española una forma de entender el poder basada en la disolución progresiva de los límites, los consensos y las lealtades compartidas.

España se puede recuperar del desastre económico en que nos metió ZP. Incluso de lo que pudiera haber robado. Pero está resultando mucho más difícil recuperarnos de los estragos que creó en lo moral, político e institucional. La historia probablemente no lo juzgará por los titulares de hoy, sino por las consecuencias de una forma de hacer política que fue debilitando los vínculos de confianza que mantienen unida a una nación. Porque los países no suelen romperse de golpe; se erosionan lentamente cuando las diferencias pesan más que lo compartido, cuando la identidad sustituye a la ciudadanía y cuando el agravio se convierte en motor político. La gran paradoja de Zapatero es que pretendió pasar por ser un modernizador y acabará ocupando un lugar muy distinto en la memoria colectiva: el del dirigente que convirtió la fragmentación en un método de gobierno y que, en nombre del diálogo, contribuyó a ensanchar las fracturas más profundas de la España democrática. Porque dividir una sociedad es fácil; lo difícil es volver a coserla. Y las costuras que se rompen desde el poder suelen tardar generaciones en repararse. En España aún estamos pagando las suyas.

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