Crónica en INN

22 - 06 - 2006 / www.inn.org.es

 

Rosa Díez recibe el XII Premio a la Tolerancia

Rosa Díez recibió ayer el duodécimo premio a la Tolerancia, otorgado por la Asociación que lleva ese mismo nombre, en una emocionante ceremonia a la que asistió inn. Abrió la sesión José Domingo, vicepresidente de la Asociación, quien hizo girar su discurso en torno al análisis crítico de los tres logros que "a juicio del casi ex-presidente Maragall" ha supuesto el estatuto recientemente sometido a referéndum. Negó que fuera bueno para el socialismo, que lo fuera para la democracia y, también, que tuviera efectos positivos para la Cataluña de los ciudadanos.

Francesc de Carreras expresó su admiración y respeto por los "resistentes" vascos e hizo notar el peso y el protagonismo de las mujeres en el mismo. Glosó las virtudes de Rosa Díez y las razones por las que el jurado le había otorgado el premio para concluir con una reflexión sobre el sentido de la palabra tolerancia, unida por su origen a la idea de que hay ciertos asuntos sentimentales (la religión, tal vez la nación) en los que el Estado no debe intervenir.

Marita Rodríguez enfatizó los méritos de Rosa. Subrayó su "entusiasmo, tesón, capacidad argumentativa y valentía", su honestidad intelectual,sus "convicciones profundas basadas en el análisis, en la razón y en la experiencia". Recordó, a un auditorio entregado, diversas citas de los artículos y las intervenciones públicas de Rosa en los que podía apreciarse su perspicacia en la percepción del futuro y una fidelidad incorruptible a sus propios principios. Hizo referencia a los muchos años que lleva "dando ejemplo de dignidad, de coherencia y de sacrificio personal" y concluyó con un vítor a la "Rosa de España... de la España Constitucional".

Rosa Díez ya había sido recibida con un prolongado aplauso a su llegada y había sido rodeada de inmediato por un tropel de admiradores que la asediaron tratando de arrancarle un nuevo compromiso político, un paso adelante "más" que pudiese constituir un atisbo de esperanza de cambio en la dinámica del actual socialismo. Cuando subió a la tarima a recibir su premio, el salón estalló en una ovación en la que hervía una mezcla de entusiasmo, de cariño, de respeto y de admiración. Su discurso fue interrumpido constantemente en sus primeros compases hasta que, con cierta sorna, dijo que con ese ritmo no íbamos a salir de allí en toda la noche.

En un tono vibrante, seguro, con un dominio absoluto de la escena que contrasta violentamente con su pequeña estatura y su aparente fragilidad, Rosa cautivó al los asistentes desde la primera frase. Expresó su simpatía y su solidaridad con los "resistentes" catalanes que se encontraban en la sala. Saludó a todos los presentes como sus amigos, incluidos aquellos que pudieran estar afiliados al PP, a quienes también quiso considerar amigos, "porque mis enemigos sólo están en ETA".

Habló críticamente del Estatuto de cuya campaña dijo que sería recordada por dos hitos: el de la violencia de la intolerancia y el de la abstención, "el divorcio definitivo entre los políticos y los ciudadanos".

A continuación, en términos de biografía personal y generacional, desgranó los argumentos de los constitucionalistas vascos. Dijo que  "sabemos a dónde conduce el silencio de los cobardes, al tiro en la nuca". Se refirió al nacionalismo como cómplice u oportunista en el fenómeno del terrorismo y se centró en la descripción de la resistencia de esa generación de vascos, a la que pertenece, que desde el franquismo al nacionalismo, "nunca han vivido en libertad". Su objetivo no es aguantar, no son ni mártires, ni héroes, ni siquiera especialmente valientes, simplemente están resueltos a "resistir hasta vencer".

Describió la perversión del lenguaje en la que el nacionalismo ha tenido la habilidad de deseducarnos. Tomó el ejemplo de la "normalización" (que provocó casi un rugido en la sala) para afirmar que "lo normal en una sociedad democrática es la pluralidad y no la homogeneidad", una sociedad en la que "seamos diversos en todo, pero iguales en derechos".

Nos hizo notar cómo en los últimos 30 años los únicos que se han manifestado por la paz han sido los nacionalistas y sus cómplices terroristas. Por el contrario, la reivindicación constante de los "resistentes" ha sido la libertad. "La paz "dijo" no vale nada sin libertad".

Se preguntó si la fórmula "proceso de paz"era una perversión más del lenguaje, simplemente una memez o una auténtica perversión politica. Si, tal vez, no tiene la pretensión de disfrazar la realidad para narcotizar la rebeldía social. "Sería terrible" continuó que ahora que hemos adquirido la conciencia de que a ETA, no sólo se la debe derrotar, sino que se la puede derrotar, ahora precisamente se le viniera a dar nuevas fuerzas con el narcótico del proceso de paz".

Por último se refirió a la polisemia del término tolerancia, uno de cuyos significados es indiferencia. Dijo que, en un país democrático en el que la Constitución proclama la igualdad y la libertad, no cabe pedir tolerancia, sino respeto. "En Euskadi, ser tolerante es militar con los intolerantes". Lo que hace verdadera falta es conciencia crítica, insumisión. "Ser tolerante es ser un resistente, una conciencia critica, un insumiso. Así lo veo yo. Es lo que Hanna Arendt llamaba actuar".

Desgranó las razones por las que seguía en el País Vasco y concluyó solicitando, en nombre de esa generación que ha vivido siempre sin libertad, el apoyo continuado de las organizaciones cívicas del resto de España. "Les necesitamos. Aunque sabemos que no estamos solos, de vez en cuando necesitamos recordar que somos mayoría. En esta lucha por la Libertad, que aún no ha terminado, estaremos siempre juntos".

Este cronista pudo ver gente emocionada, no era la simple respuesta ante un mensaje conocido, por lo demás conocido. Era el reconocimiento hacia eso que cada vez echamos más en falta en la vida pública de este país: honestidad intelectual, compromiso personal, sinceridad. El éxito popular de Rosa Díez prueba que las virtudes "venden" políticamente. Su fuerza, ante la que ha sucumbido hasta ahora la maquinaria deglutidora del partido, es la constancia de hay otra forma de hacer política.