Cuidado con los 'regalos' envenenados
Me he tomado la libertad de escribir (con pseudónimo) un correo electrónico a los diputados del PP, de Vox y los del PSOE de comunidades no separatistas (todavía), así como todas las direcciones que aparecen en el directorio de la página web de la junta de Extremadura
José Miguel Velasco: Según han informado los medios de comunicación, en este año 2026 se celebrarán en Extremadura actos vinculados a la fiesta autonómica de Cataluña. Una jugada más del catalanismo aparentemente razonable para embaucar a la vulnerable sociedad española.
Uno de los hechos fundamentales de la Historia de España del siglo XX, el elefante en la habitación en el que, si uno repara, se explica muchas cosas, fue que la Cataluña urbana y poblada que existe hoy en día se construyó con un aporte demográfico inmenso desde el resto de España. Esto dio a la región un enorme potencial político, aunque también normalizó la presencia de la lengua de Cervantes como un hecho social corriente, mayoritario en muchas zonas de la región. ¿Fue una jugarreta del franquismo para difuminar la lengua catalana? ¿Fue una apuesta de la burguesía catalana del momento para tener mano de obra abundante y barata? ¿Quién lo sabe?
Al finalizar la dictadura, los sectores más esencialistas de Cataluña se apresuraron a tomar el liderazgo político y moral de la región, desembocando en el régimen catalanista que ha gobernado la región desde la creación del autogobierno. El régimen de las autonomías no se creó por existir en España un deseo generalizado de honrar banderas particulares, sino por mimetismo de las aspiraciones del catalanismo político, que a su vez era el juguete que quería el señor Pujol para pastorear a la inmensa población de Cataluña que tenemos orígenes familiares en el resto de España, con el fin de hacernos renegar de nuestras raíces y a la larga, desenganchar a las nuevas generaciones de cualquier sentimiento de pertenencia a una patria común llamada España.
En los inicios, ante la incertidumbre sobre la reacción de esta parte de la población de Cataluña, el catalanismo adoptó la forma de un paternalismo aparentemente inocuo, pero que a medida que se iba consolidando, para las mentes más perspicaces y críticas se nos evidenciaba como cínico e hipócrita, tomando un papel de hermano mayor que te hace avergonzarte de ser quien eres, te dicta lo que te conviene y pone cara de disgusto al mínimo gesto de discrepancia. Después vino el proceso independentista, cuyo pistoletazo de salida lo dio un aspirante al gobierno de España al decir que aprobaría como nuevo estatuto de Cataluña "cualquier cosa que salga del parlamento regional". Ese proceso normalizó discursos supremacistas impresentables en una sociedad del siglo XXI y que tras el fracaso de ese envite, en gran medida porque afloró la fidelidad a España, quizás gracias a la arenga del rey, los partidos separatistas siguen manteniendo. El corrimiento electoral de la última legislatura regional colocó en la presidencia a un partido que tanto dentro como fuera de Cataluña, ingenuamente, se asimila al gran partido de la izquierda española pero que, con todas las de la ley, es un partido distinto, con su propio discurso, y que fue una creación realizada en el momento fundacional del postfranquismo para hacer la misma política pujolista, sólo que pintada de color rojo.
Volviendo al tema de los actos previstos para esta diada atípica, en base a la experiencia adquirida, es previsible que los discursos desplegados consistan en llevar ese paternalismo cínico e hipócrita a su máxima expresión, girando sobre dos ejes fundamentales. Uno, el uso abusivo de la palabra "integración". Es el eufemismo para referirse al proceso por el que el individuo se despoja de cualquier criterio propio, cualquier memoria de sus orígenes y se difumina en la masa, adoptando acríticamente el discurso del nuevo amo. El otro, la ficción de la dicotomía Cataluña/España como expresión de la disyuntiva progreso/atraso, teniendo como piedra de toque la lengua catalana. Cualquier persona que se instale en Cataluña desde el resto de España viene con el bagaje de una cultura común europea, una ciudadanía común española y una lengua común española, por lo que la integración es un acto automático sin que tenga que venir ningún gerifalte político a explicarla. El mínimo esfuerzo que representa aprender el catalán es un mero gesto de cortesía hacia la parte de la población que aún siendo perfectos hablantes de español, han tenido poca mezcla familiar con el resto de España y tienen arraigado el hablar en catalán. No es, como se pretende presentar, ningún salvoconducto para ingresar en una sociedad en un estado superior de desarrollo. Buena parte de la culpa de dar por buena esta absurda visión la tiene el victimismo social de los defensores tradicionales del castellano.
Por desgracia somos un país en que nuestra azarosa Historia es removida continuamente por ciertas formaciones y tendencias en la búsqueda de movilizar pasionalmente el voto. La España que esperábamos algunos de debate racional, búsqueda de soluciones y alternancia de opciones que con peor o mejor fortuna miran simplemente de encauzar a la sociedad en mayores niveles de desarrollo y nivel de vida, si en algún momento la pudimos vislumbrar, se nos va alejando cada vez más.
Si alguien tiene en mente la España que queremos de mayores, las fuerzas históricas mencionadas en este escrito deben ser tenidas en cuenta.
Un cordial saludo
JOSÉ MIGUEL VELASCO - (para ASOCIACIÓN POR LA TOLERANCIA)
2026-09-09








