Demasiada furia para no ser una operación electoral
La virulencia de la arremetida sanchista contra el Supremo es el último testimonio de convicción sobre las verdaderas intenciones de la (mal) llamada ley de nietos. Si no se trata de una operación electoral a qué viene tanto revuelo. Los jueces no han anulado ningún derecho; se han limitado a suspender los efectos de una nacionalización masiva hasta que revisen si quienes se están acogiendo a ella cumplen los requisitos legales para hacerlo. Que son los que establece la ley, no los que el Gobierno amplió mediante una simple instrucción ministerial a espaldas del Congreso. Pero esta desproporcionada reacción de los portavoces oficialistas pone de manifiesto que la citada orden administrativa tenía, como sospecha la oposición, un propósito fraudulento apenas encubierto que había adquirido en los planes de la Moncloa un carácter estratégico. Y de una relevancia esencial para la limpieza del sistema porque afecta nada menos a que la composición del censo. Es decir, al cuerpo electoral, al sujeto de la soberanía, al ‘demos’. Como lo dirían los ‘founding fathers’: a nosotros, el pueblo
IGNACIO CAMACHO - ABC (VÍA FUNDACIÓN PARA LA LIBERTAD)
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