Discurso de Rafael Sorní, vicepresidente de la AT
Mirar hacia atrás sin ira para encarar nuestro futuro con esperanza
Un año más nuestra Asociación hace entrega del Premio por la Tolerancia, un premio que tiene como finalidad distinguir a aquellas personas cuya trayectoria pública a lo largo de los años se ha caracterizado por la defensa de una sociedad abierta formada por hombres y mujeres libres e iguales ante la ley como máxima expresión del Estado de Derecho.
Pues bien, en el caso concreto de Cataluña, en este año 2007 y al igual que en estos útimos 30 años, la mayor parte de nuestra clase política, con el apoyo de un sector significativo de la sociedad catalana, sigue apostando por una ideología, el catalanismo, que a mi juicio hace del victimismo y del miedo a la libertad un modo de hacer política, una manera de "fer pais".
Este año, al igual que en años anteriores, nuestros gobernantes nacionalistas "incumpliendo la Ley y las resoluciones judiciales" continúan imposibilitando la escolarización en español en la enseñanza primaria.
Resulta descorazonador que una lengua como el castellano, cooficial en Cataluña y primera lengua de más de la mitad de los ciudadanos catalanes, sea tratada como una lengua impropia que a juicio de los catalanistas desnaturaliza nuestra sociedad.
Igualmente, resulta lamentable que esa obsesión enfermiza por la identidad de la mayoría de los partidos políticos catalanes implique sancionar a comerciantes por atreverse a rotular en castellano.
No es imponiendo multas de 900 euros a un comercio que señala en español la salida de emergencia o de 600 euros a una tintorería por dar los tickets en esta lengua la mejor manera de construir una sociedad mas cohesionada y confiada en sus políticos.
La sociedad catalana es una sociedad plural que tiene el privilegio de contar con dos grandes lenguas propias y mayoritarias que nos enriquecen como colectivo, pero los nacionalistas con su estrechez de miras no lo ven de la misma manera.
Es por ello que "según mi parecer" el principal problema de Cataluña en los inicios de este siglo XXI no es Madrid, no es una España que nos oprime. Nuestro principal problema como demócratas y ciudadanos libres es el nacionalismo catalán.
Ningún gobierno español desde los tiempos de Adolfo Suárez ha impedido por ley alguna a un solo ciudadano de Cataluña que pueda usar el catalán con libertad. Ningún gobierno español ha impulsado ley alguna que implique inspecciones lingüísticas a los comercios ni sanciones a los comerciantes por rotular en catalán o en euskera sus establecimientos.
Pero en Cataluña se sigue gobernando como si Franco no hubiera muerto y más aún, como si viviéramos en pleno siglo XVIII con un Felipe V reencarnándose en los sucesivos jefes de los gobiernos españoles de nuestra joven democracia. Ver para creer.
Hemos llegado a un punto en que incluso el propio conseller de educación, el Sr. Ernest Maragall, se permite decir que solo en catalán se puede transmitir una idea de país; o bien observar atónitos como el gobierno de la Generalitat aprueba un decreto infame que implica que en este curso los alumnos de nuestra Comunidad Autónoma incluso en el recreo sean conminados por sus profesores a expresarse solo en catalán, coartando así la libertad de un niño a expresarse con naturalidad en castellano, o en cualquier otra lengua, también en su tiempo de descanso, entre clase y clase.
Francamente, que los alumnos que se expresan habitualmente en español en sus hogares puedan acabar interiorizando un sentimiento de culpa por hablar en este idioma en el colegio me parece un grave error que en nada beneficia a hacer del catalán la lengua de todos los ciudadanos de Cataluña, sean o no nacionalistas.
Por todo ello, creo que ya es hora de que el Estado ejerza en Cataluña de una manera efectiva sus competencias educativas creando en nuestra Comunidad Autónoma centros de titularidad estatal en los que se garantice la libertad lingüística, apostando por un bilingüismo de corte pedagógico, donde el castellano no sea tratado como una lengua extranjera.
Mientras los nacionalistas continúen gobernando en Cataluña, el español jamás será reconocido como lengua propia de los catalanes. A Convergència i Unió, a Esquerra Republicana o al PSC solo les interesa su nación para conseguir su Estado y mientras continúen controlando la educación continuarán teniendo "la sartén por el mango" para educar en esa ideología perversa que es el nacionalismo identitario.
Y ya para ir concluyendo con mi intervención y dejar paso a Marita Rodríguez que nos hablará de nuestro ilustre premiado de este año, no quisiera acabar sin mencionar lo doloroso que resulta ver cómo el nacionalismo etnicista contribuye tanto desde Cataluña como el País Vasco o Galicia a la división de los ciudadanos españoles debilitando y fragmentando primero los dos grandes partidos nacionales para después acabar más pronto que tarde fragmentando el Estado, poniendo así en grave riesgo las libertades de todos los ciudadanos españoles.
Defender desde Barcelona la España constitucional es defender la libertad y el progreso de todos los catalanes sin distinción alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Es defender la nación de ciudadanos frente a esa entelequia llamada nación de naciones. De ahí que, como catalán, si he de mirar hacia atrás sin ira antes que centrarme obsesivamente en 1714 y apelar al guerracivilismo, como hacen equivocadamente muchos de mis conciudadanos en Cataluña, prefiera situarme en 1812, cuando "tal y como afirma el historiador Ricardo García Cárcel" comenzó a fraguarse el sueño de una nación abierta e integrada, fundamentada en un patriotismo no solo constitucional sino también cultural común. Una nación que, a día de hoy, sigue aguardando quedar definitivamente libre de los complejos generados por el nacionalismo franquista. Nada más y muchas gracias por su atención.








