Doble crueldad en la pena de muerte

02 - 10 - 2026 / EDITORIAL EL CORREO

Christa Pike, la única mujer que permanecía en el corredor de la muerte en Tennessee, ha sufrido con la ejecución de su condena una doble crueldad que revela hasta qué punto se han degradado los derechos humanos en Estados Unidos: al cierre de esta edición sobrevivía en un hospital a una fallida inyección letal con pentobarbital, aplicada en dos ocasiones consecutivas en una secuencia agónica que cuestiona por completo cualquier marco ético y jurídico. La pena capital equipara a EE UU con las dictaduras y regímenes autoritarios que aún practican la máxima brutalidad en el castigo, como Arabia, Irán, China o Sudán del Sur. Disponer de la vida de una persona, por muy execrables que hayan sido los delitos cometidos, supone la negación absoluta de la dignidad y de todo trato humanitario

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