El «asturianu» es gay
Para separar a personas, territorios y poner trabas a la libre movilidad de trabajadores. Eso, de primeras. Cierto que también sirven para crear multitud de chiringuitos cebados con dinero público, que si academias, observatorios, profesorado, medios locales de incomunicación, grupos musicales, certámenes literarios y un sinfín de variopintas amenidades que procuran el sustento de amiguetes enchufados que, a su vez, tórnanse paladines invencibles de la “lengüícula” de turno. Y es que no son pocos quienes codician esa lengua que dan en llamar “propia” para disponer de una excusa que les permita reclamar para sí derechos políticos diferenciados en esta España nuestra en almoneda. Como siguiendo la estela de los nacionalismos periféricos. Se genera así una suerte de industria, por modo de vida, idiomática. Una bicoca para unos cuantos, una ruina para muchos y una monserga insufrible para todos
DE TRACTOR
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