El 'gudari García Sánchez' sigue en la jauría

21 - 04 - 2019 / ABC

El «gudari García Sánchez» sigue en la jauría

Hace casi un cuarto de siglo abrasó vivo a un ertzaina y esta semana formó parte de la turba que amenazó a Rivera en Rentería. A las hienas les cuesta retirarse

Al final, a este batallón no le va a quedar más remedio que re­conocer que en España anda rampante el fascismo, como salmodia pesadamente la iz­quierda. aunque esta vuelva a confundir su origen o adscripción ideológica. Lo es­tamos comprobando durante esta cam­paña en la Autónoma de Barcelona, por ejemplo, donde solo la presencia policial evitó una desgracia en el escrache totali­tario que una especie de CDR universita­rio le montó a Cayetana Álvarez de Tole­do: o también en las calles de Rentería, donde Albert Rivera tuvo que salir escol­tado del pueblo por la Ertzaintza para li­brarse de una vociferante turba proetarra. con veneno en la boca y en la mirada, a la que si le dejan hacer solo Dios sabe cómo habría terminado el candidato de Cs. Pones a esas hienas de Rentería en el Munich de 1934 y te sale una «noche de los cuchillos largos» de manual. Entre esa jauría del otro día. Covite encontró a Aitor García Sánchez, un sujeto al que es imposible hallar, no ocho, sino un solo apellido etimológicamente vasco pues es el prototípico «maketo» que encuentra en la violencia y en la sangre ajena la manera de hacerse perdonar un Rh no autócto­no. El tal «gudari García Sánchez» es casi un «héroe» para la facción proetarra de Rentería desde que en 1995 trató de quemar vivo al ertzaina Jon Ruiz Sagarna y a otros cuatro agentes de la policía autonómica Jun­to con otros dos elementos, el «gudari García Sánchez» preparó una emboscada contra una furgoneta de la Ertzaintza e introdujo en su interior artefactos incendiarios compuestos por ácido sulfúrico, líquido inflamable y clo­rato potásico, mezcla que incrementó el po­der destructor de la gasolina. A un buen cana­lla nunca le faltan avíos...

Jon Ruiz Sagarna sufrió quemaduras graves en el 55 por ciento de su cuerpo. Su casco se le derritió lite­ralmente en la cabeza Tras el ataque, la furgoneta, con­vertida en una enorme bola de fuego, arrolló a dos mu­chachas que pasaban en ese momento por el lugar. Solo seis años de cárcel le cayeron en primera instancia al «gudari García Sánchez». Cuando salió la sentencia, la esposa del agente, Ana Arregui Larrazábal -con algún apellido vasco más que el tal García Sánchez-, escribió un artículo en el que aseguraba que las gravísimas heri­das de su marido «constituían una pena más larga» que la impuesta a los culpables. En el recurso, el Supremo les dobló la pena.

El entonces joven policía permaneció treinta días en­tre la vida y la muerte y cinco meses más en el hos­pital de Cruces, donde fue sometido a seis dolorosas operaciones. Luego fue intervenido en más ocasiones y requirió apoyo psiquiátrico de forma permanente. Hubo de llevar un tra­je especial para proteger su delicada piel y no se atrevió a salir a la calle en mucho tiem­po. Y cuando se animaba, lo hacía protegido por una gorra y por una malla de color de carne.

Como pudo, con un coraje encomiable, Jon Ruiz Sa­garna rehízo como pudo su vida, que ya nunca fue igual a la que tenía antes de aquel día aciago en Rentería.

Veinticuatro años después de aquello, el «gudari Gar­cía Sánchez» sigue en el pelotón etarra de los matones del pueblo, expulsando de allí a quien no forme parte de esa otra manada Hay veces que resulta muy cuesta arri­ba creer que esta batalla la ganaron los buenos.