El PSC un partido separatista que engaña a sus votantes
Cataluña es una región bilingüe desde hace más de 500 años, pero los catalanes vivimos en un régimen de diglosia; es decir, en una situación de convivencia de dos lenguas propias, maternas, oficiales y mayoritarias, en la que una de ellas, el catalán, por motivos políticos, prevalece sobre la otra, el castellano, que queda relegado a situaciones socialmente inferiores, como la vida familiar o las actividades de ocio.
Hay sobrados ejemplos de esta discriminación del español en Cataluña: la prohibición de rotular los comercios en castellano; el uso exclusivo del catalán en los documentos oficiales de las administraciones públicas; la emisión íntegra en catalán de la programación de la televisión y la radio públicas; la señalización de la vía pública exclusivamente en catalán; el sistema educativo basado en la inmersión lingüística, donde sólo el catalán es lengua vehicular; la exigencia del catalán para acceder a la función pública, o los miles de millones de euros de dinero público destinados desde hace décadas a imponer el catalán incluso en los ámbitos más privados, como los patios de los colegios, los comercios o las empresas privadas.
Para colmo de males, todas estas imposiciones y atentados contra la libertad han fracasado en su supuesto objetivo de difundir la lengua catalana
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