El valenciano sin cilicio
Ya no sabe uno cómo predicar en el desierto de las lenguas. Si digo que las lenguas son vehículos de comunicación y de riqueza cultural, es una obviedad. Si digo que la lengua no puede ser utilizada como rehén político, es otra evidencia. Si digo que no se puede multar a una persona que rotula su establecimiento en castellano, parece razonable aquí, y en Pekín.
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