En el recuerdo imborrable de Miguel Ángel Blanco, carta abierta a tu Memoria.
Respetar el Espíritu de Ermua, respetar a Miguel Ángel Blanco, exige no claudicar ante la legitimación del terrorismo, ante su blanqueamiento, ante la impunidad que los terroristas y sus cómplices imponen día a día. Hace 28 años millones de españoles salimos a las calles para exigir a ETA que no acabara con tu vida. Un 10 de julio te secuestraron y un 12 te asesinaron. Sin la más mínima piedad, desoyendo un clamor popular que atravesó toda la sociedad y movilizó las conciencias de los ciudadanos. No pudimos salvar tu vida, pero mantuvimos la dignidad y la rebeldía cívica más allá del miedo o la apatía.
Llevaban décadas amargándonos la convivencia. Tú fuiste una víctima un joven de 29 años bueno y comprometido con su tiempo y su sociedad, un ciudadano valiente que defendía sus ideas sin complejos. ETA te eligió por su cobardía y su odio, no podía permitir que hubiera vascos que se sintieran también españoles y con su compromiso se enfrentara al totalitarismo terrorista.
Miguel Ángel, tu legado es muy importante: la tortura a cámara lenta a la que te sometió ETA hizo comprender a la inmensa mayoría social que el terrorismo era profundamente dañino, no sólo para sus víctimas sino para toda la sociedad. Que había que responder ante tanto horror e intimidación acumulados, que había que exigir la aplicación de la ley, sólo la ley, pero toda la ley.
La respuesta social a tu martirio fue ejemplar: nos mantuvimos unidos, firmes, convencidos de que había que parar a ETA y también a sus cómplices, que debíamos protegernos ante tanta humillación y crueldad sin límites. Que debíamos marcar una línea roja aislando al entramado social y político de ETA.
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