ETA se arrogaba la representación de la Justicia

08 - 04 - 2025 / JOSÉ ANTONIO PÉREZ PÉREZ - FACEBOOK

Explicaba ayer en clase que, en gran medida, el terrorismo de ETA actuó siguiendo el mismo patrón que otros fenómenos de violencia política, étnica o religiosa a lo largo del siglo XX: la búsqueda e identificación del enemigo, estigmatización, descrédito público y deshumamización de la futura víctima, para, finalmente, terminar con el asesinato y borrado de su memoria. Les puse algunos ejemplos. Lo ocurrido en el País Vasco no fue un genocidio, pero sí implicó una limpieza ideológica que incluyó la persecución y eliminación de determinados colectivos. En los años 80 ETA encabezó una campaña contra el tráfico de drogas que acabó con la vida de 48 personas. El 6 de abril de 1990 un comando de la organización asesinó a Miguel y Elena. 35 años después de aquel doble crimen, unos miserables siguen ensuciando las placas que recuerdan sus nombres en el mismo lugar donde fueron asesinados. No es la primera vez que el entorno de la banda, que sigue ahí, cociéndose en el odio que extendieron durante décadas en este país, arremete contra un humilde memorial que trata de honrar a las víctimas del terrorismo. Quienes nos dedicamos a investigar sobre las causas y consecuencias de este fenómeno tratamos de explicar cómo fue posible tanto horror. A veces, olvidamos lo más elemental: la maldad, la profunda maldad de los perpetradores y de quienes jalearon sus crímenes.

[Ver imagen con un llamamiento de Consuelo Ordóñez]

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