Hay crímenes que nunca se olvidan, que lo marcan a uno para siempre, sobre todo cuando tienes catorce años
Cada 2 de febrero Emilio Hellín Moro e Ignacio Abad Vázquez arrastran hasta un descampado a Yolanda González, aquella chica de mirada triste. La joven estudiante suplica por su vida. Es inútil. Los dos pistoleros empuñan sus armas y le pegan dos tiros
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