Hay fotografías que explican el horror. No necesitan mostrarnos la sangre derramada sobre el suelo, ni los cadáveres de las víctimas desmadejados en torno a una mesa
La información proporcionada por la red de colaboradores de la organización terrorista sobre los hábitos y costumbres de los agentes en su vida cotidiana ofrecía a ETA datos extraordinariamente valiosos para atentar contra ellos sin ningún tipo de riesgo. Así ocurrió un mes más tarde de aquel atentado, cuando el policía Ángel Postigo Mejías fue asesinado en Pamplona a sangre fría el 15 de junio, gracias a los datos facilitados por un colaborador de la organización terrorista, un menor de edad, un chaval, que recibió por su trabajo diez mil quinientas pesetas. El salario de la muerte. Historias reales, historias que nos hablan de los cómplices en la sombra, de personas que nunca se mancharon las manos de sangre y nunca pagarán por lo que hicieron.
[SIGUE...]
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