In dubio pro víctima
Mi querido y admirado Antonio Beristain, jesuita y catedrático de Derecho Penal en el País Vasco, fallecido hace ya algunos años, formuló este principio que concede a las víctimas de delitos violentos, singularmente del terrorismo, la preeminencia en el caso de duda, por encima del interés del reo. Beristain escribió que esas víctimas eran «pebeteros ígneos que nos regalan su luz, y agentes morales de la convivencia, la libertad y la fraternidad». La razón de esta consideración es sencilla: los asesinados y damnificados por ETA y otras organizaciones terroristas nunca lo fueron por ser portadores de una culpa, sino por su valor simbólico con vistas a doblegar la voluntad de la sociedad frente a las pretensiones totalitarias de aquellas.
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