La justicia por nuestras propias manos
Aquella charla cara a cara con mi mayor enemigo sólo confirmó una de mis sospechas: que la Administración no exigía a los etarras supuestamente arrepentidos que colaboraran con la Justicia para acceder a beneficios penitenciarios. Lasarte, incluso, admitió que desconocía este requisito y, por supuesto, no colaboró conmigo ni, hasta hoy, con nadie
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