La lengua de todos
Empecemos por esta ambivalencia. Cuando estoy en mi país digo castellano para dejar claro que la lengua catalana, vasca o gallega también son lenguas españolas. Se puede ser español en cualquiera de ellas, aunque los separatistas y los integristas crean que se cambia de nacionalidad cuando no se utiliza el castellano. Es la primera de las estupideces, o, si queremos ser más benévolos, de los equívocos que se suscitan en torno a nuestro idioma. Por supuesto, cuando estoy en Hispanoamérica o en cualquier otro país foráneo digo con la cabeza bien alta que hablo en español porque es el nombre internacional de nuestra lengua y el más expresivo de su raigambre cultural. De modo que los españoles somos ciudadanos de una patria con varias lenguas, aunque no todas del mismo rango porque solo una es oficial y obligatoria para todos. Precisamente aquí empiezan nuestras dificultades.
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