La última orgía de Sánchez
Pedro Sánchez comparece estos días como un predicador laico. Habla del Hondius con el tono de quien acaba de bajar del Sinaí con las tablas de la ley sanitaria bajo el brazo. España, dice, "cumple siempre". España salva. España protege. España coopera. España ilumina al mundo desde Tenerife mientras la OMS, Bruselas y hasta el Papa contemplan extasiados el milagro humanitario del sanchismo. El problema es que, mientras el presidente levanta la bandera del multilateralismo como si fuera el capitán general de una ONG planetaria, los españoles descubren que su Gobierno lleva años confundiendo el Consejo de Ministros con el reservado de un club de carretera.
La nueva orgía de Sánchez no es sexual. Ojalá fuera solo eso. Las orgías privadas son un asunto íntimo; las públicas son un problema institucional. Aquí no hablamos únicamente de un exministro libertino con afición a las señoritas de catálogo y a las pastillas azules olvidadas en la americana. Hablamos de un Estado convertido en agencia logística del desenfreno. Salvoconductos oficiales para prostitutas en plena pandemia. Documentos sellados por el Ministerio de Transportes. "Asesoras externas" que en realidad eran acompañantes de cama trasladadas en el avión oficial de la golfería. El Falcon moral del sanchismo ya no aterriza: directamente se arrastra por la pista.
JORGE MESTRE - THE OBJECTIVE
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