La venganza del Mediterráneo
Hay malas noticias para las industrias que fabrican esencias nacionales. Cada equis tiempo alguien sostiene que su patria lleva siglos siendo la misma, que su identidad permanece inalterable desde que el cabo de Gata era soldado raso y que el Mediterráneo es una frontera que separa civilización y chusma moruna, campo de batalla donde chocan culturas diferentes. Es un relato fácil de comprar por quien anhele certezas baratas; pero basta con abrir un libro de Historia, incluso con mirar alrededor, para que la idea se vaya al diablo.
Desde Troya hasta Ceuta y lo que venga luego, el Mediterráneo nunca ha sido frontera. Fue autopista por donde circulaban barcos cargados de trigo, vino, aceite, esclavos, soldados, mercaderes, peregrinos, prostitutas, filósofos, piratas, héroes y villanos que a menudo eran los mismos. Un lugar donde comerciabas con tu vecino mientras conspirabas contra él, donde las batallas eran naturales pero también el mercadeo, y donde victorias y derrotas fraguaban amistades, negocios y familias mestizas. Durante tres mil años, o antes, nadie estuvo quieto el tiempo suficiente para ser la nación étnica y culturalmente pura que algunos imaginan.
ARTURO PÉREZ-REVERTE - EL MUNDO (VÍA ALMENDRÓN)
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