Las mentiras de Rosa María Mateo
El problema no son, por tanto, las lenguas, sino el uso político que se ha hecho de las mismas para sostener y prolongar el dominio de un grupo étnico-lingüístico (así se quieren ellos) sobre el resto de ciudadanos, sobre los más humildes, sobre los que un día cambiaron de región e hicieron posible la riqueza de ese grupo de privilegiados.
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