Los nietos y la funcionaria
Lo cuestionado por las dos decisiones del Supremo no es la ley. Es una directiva delirante: la que pone nombre a todos los previstos beneficiarios a los cuales la ley no enumera. Y dicta que, "por defecto", serán considerados exiliados políticos todos cuantos hubieran abandonado España entre 1936 y 1953. Es un disparate
Reinaba Alfonso XIII. Y la boutade de Romanones ante los diputados del Congreso dio en ser axioma del invencible cinismo político. O sea, de la política: "Hagan ustedes las leyes y déjenme a mí los reglamentos".
Invencible, en primer lugar, porque una ley existe materialmente sólo a través de sus protocolos de aplicación. En segundo, porque, mediante un bombardeo propagandístico adecuado, no hay ciudadano que pueda ya distinguir entre la intocable ley que aprueba un sagrado parlamento y la directiva de aplicación que redacta un no tan necesariamente sagrado funcionario (o funcionaria) de manguito. Al servicio, como corresponde, de aquel venerando jefe del cual cobra sueldo
GABRIEL ALBIAC - EL DEBATE
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