Mal lo tiene que ver Sánchez
La bandera de la vivienda se le ha rasgado al PSOE tras la dimisión de su portavoz, Montse Mínguez, por los grandes negocios inmobiliarios de su pareja. Su salida, con renuncia incluso a liderar la candidatura socialista por Lérida, no es anecdótica. Se trata de una persona de estricta confianza de Sánchez y vanguardia en la defensa de las decisiones más inefables del Gobierno. Superó con creces cualquier prueba de adhesión al sanchismo, tanto en sus funciones de portavoz desde Ferraz, como en cualquier aparición en medios de comunicación. Por esto, la renuncia de Mínguez es un golpe directo a la estructura del poder sanchista dentro del PSOE. Sin embargo, su dimisión no ha sido tanto un problema de legalidad o de corrupción, como de coherencia interna, en lo ideológico y en lo político. Mientras no se pruebe lo contrario, la productiva actividad inmobiliaria de su novio, con decenas de inmuebles en alquiler y sociedades en el extranjero, es legal, tanto como el bienestar económico que ha dado a Mínguez mientras clamaba contra el negocio del alquiler. La doctrina Zapatero sobre el alma socialista –«tener poco y estar dispuesto a dar mucho»– tiene mal encaje cuando no se predica con el ejemplo.
EDITORIAL ABC
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