Memoria de aquellos días de julio

13 - 07 - 2026 / ALFONSO J. USSÍA – ABC

El 1 de julio de 1997, la Guardia Civil, tras una operación que duró 532 días, liberó a José Antonio Ortega Lara en un zulo de 3×2 metros, bajo las máquinas de una nave industrial en Mondragón. Los responsables de este hito fueron los Servicios de Información de la Guardia Civil, que localizaron una primera pista con las iniciales BLN (Bolinaga) un año y medio antes de averiguar dónde lo estaban matando en vida. Cuando el primer miembro del GAR bajó al zulo, Ortega Lara suplicó que le pegaran un tiro. Pocas cosas molestaron tanto a ETA, que decidieron dar un golpe de efecto que sacudiera a la sociedad española y al Gobierno del Partido Popular.

Un concejal de Herri Batasuna de Eibar llamado Ibon Muñoa dio las claves para que, el 10 de julio de ese mismo año, se cometiera una nueva atrocidad. Este sujeto compartía pueblo con Miguel Ángel Blanco. Muñoa, desde su local en un taller familiar, veía cómo todas las tardes, a la misma hora, Miguel Ángel llegaba a la estación Ardanza procedente de Ermua. Fue pasando la información a ETA y después acogió en su casa a Javier García Gaztelu ‘Txapote’, Irantzu Gallastegui ‘Amaia’ y José Luis Gueresta ‘Oker’, para que ejecutaran la operación. De su taller salieron las placas de matrícula falsas del coche en el que fue introducido Miguel Ángel en su secuestro.

ALFONSO J. USSÍA – ABC (VÍA FUNDACIÓN PARA LA LIBERTAD)

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