No olvidar
Antes de que el terrorismo de ETA perdiera sentido para quienes lo ejercieron con devoción y saña, otros ya habían cavado la fosa de su final. Fue un cierre fracasado, sin épica, sin lograr ninguna de las causas por las que dijeron que mataban.
Cuando era adolescente me imaginaba el final de la violencia con las calles llenas de coches haciendo sonar sus bocinas. Pero antes de que tres encapuchados anunciaran el cese definitivo de aquel negocio criminal, la sociedad ya había llegado a la paz. Por eso ese día no hubo saltos ni bocinazos. Los abrazos familiares e íntimos sustituyeron a la euforia colectiva
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