Nochevieja de sangre
A pesar de las fechas, no deberíamos olvidar lo que pasó hace cuarenta años, aquella Nochevieja de 1984, cuando un comando de ETA acabó con la vida de José Larrañaga después de dos atentados fallidos. El mismo día que la víctima volvió a su pueblo para despedir el año con su cuadrilla una camarera advirtió de su presencia en un bar y avisó a unos pistoleros de la banda para que lo matasen. Sí, estas cosas pasaban. "Nunca debieron suceder", dijo hace unos años Otegi y algunos incautos vieron en esa frase una muestra de arrepentimiento. Nunca debió suceder pero para que sucedieran fue necesaria la colaboración de cientos de chivatos como aquella mujer y de un partido político que sostuvo al terrorismo durante décadas
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