Okupados: la paradoja de la solidaridad suicida
Ayudar sin destruir el propio hogar, la propia cultura o la propia seguridad no es egoísmo; es sostenibilidad evolutiva
a okupación ilegal en España se ha convertido en un problema demencial que nos avergüenza y nos deja como tontos en el mundo entero. Hace pocos días, Marcos Ondarra relataba, en este periódico que están leyendo, el calvario de Isabel, una anciana de 91 años, que tardó cuatro en recuperar su vivienda de unos okupas marroquíes que se declararon «vulnerables». Durante todo ese tiempo, la mujer tuvo que buscarse la vida mientras luchaba en los tribunales. Sí, la okupación es una auténtica plaga que parte de una idea equivocada de la solidaridad. Y si no, que se lo digan a Estíbaliz Kortazar, una activista de izquierdas de Vizcaya, que decidió abrir las puertas de su pequeño piso de 55 metros a un inmigrante norteafricano a través de una asociación de ayuda. ¡Qué gran idea! Lo que empezó como un gesto de solidaridad terminó en pesadilla: el inquilino dejó de pagar, se negó a marcharse y convirtió la convivencia en un infierno de miedo y acoso
TERESA GIMÉNEZ-BARBAT - THE OBJECTIVE
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