Presentación del III Ciclo de Cine para la Tolerancia
Cine y tolerancia
El lenguaje del cine no es un lenguaje que se distinga precisamente por la tolerancia implícita, por una oferta de debate entre el emisor y el receptor del lenguaje, por dar tiempo y comodidades para la reflexión y debate de los argumentos propuestos. Tamaño y luminosidad de la imagen y volumen del sonido, frente al silencio y oscuridad a los que el espectador está gozosamente reducido indican que se trata más bien de lo contrario: un arte avasallador, arrebatador.
Es un arte de la imagen en movimiento (al que con el tiempo se le incorporó el sonido), que aspira precisamente a deslumbrar y seducir al individuo por las impresiones volcadas sobre él al ritmo más alegre que sus retinas puedan asimilar, eludiendo en lo posible los mecanismos de filtro racional de los que dispone. Esa cualidad que hace del cine un formidable vehículo para la evasión también lo hace excepcional como herramienta para crear mitología, modelar mentalidades y formar masas.
Los regímenes totalitarios europeos de mediados del siglo pasado lo tuvieron muy presente y urdieron planes específicos para la formación de sus masas a través de la pantalla, de los que han quedado, como ejemplos de la más alta cinematografía, y de la más sofisticada propaganda, las películas de Eisenstein. Es curioso, dicho sea de paso, que en España, Italia y Alemania esa agresión a la integridad de la obra cinematográfica que es el doblaje se llevase a cabo de forma sistemética, respondiendo a un afán de control y censura cuyos excesos por cierto han producido un divertido anecdotario.
El cine, pese a todo lo dicho, también puede ser una escuela de tolerancia: cada película es un soliloquio declamado, ciertamente, en una voz mucho más alta y arrolladora que los de las novelas, los ensayos, el teatro e incluso la televisión, pero sigue siendo una voz hablando desde la otredad, de la que el espectador despierto debe tomar conciencia. En el mejor de esos casos la película contradice su propia naturaleza titánica y ofrece lecciones de empatia y tolerancia, como sucede, no cabe duda cuando se conocen las muy loables actividades de la Asociación por la Tolerancia, con las que han sido seleccionadas para este ciclo.
Ignacio Vidal-Folch
Ignacio Vidal-Folch nació en el año 1956 en Barcelona, donde reside. Ha trabajado en los departamentos de cultura de varios periódicos de Barcelona y Madrid, y actualmente colabora con el diario El País y el semanario Tiempo. Es autor de varios libros de ficción: Amigos que no he vuelto a ver, Cabeza de plástico, Contramundo, No se lo digas a nadie, Turistas del ideal, El arte no paga, La libertad.
También ha destacado como crítico de comics en diversos medios. Junto con Ramón de España se atrevió a establecer El Canon de los Comics el año en que "oficialmente" nacií el Noveno Arte. Sus guiones para historieta han gozado de éxito, recibiendo el premio del Salón de Barcelona al mejor guión en 1995 por En Nómina, dibujado por Gallardo. Esta obra, una parodia hilarante sobre el mundillo de la prensa del corazón, protagonizada por el personaje Perico Carambola, fue recopilada en el libro de Gl?nat Héroes Modernos (col. Integral) junto a su otra obra conjunta, Roberto España y Manolín.








