Puntual
Ayer se recuperó el uso de nuestro término narcótico («puntual» es un anestésico), cuando a la portavoz del gobierno le preguntaron por los buques de guerra marroquíes que se nos metieron hasta la cocina mientras por tierra nos invadían los cien mil hijos de Mojamé.
Cuando empezó a publicarse la nacionalidad de los violadores, se supo que, con una frecuencia merecedora de atención, muchos de esos canallas no eran españoles. Tiraban más al sur. Entonces las autoridades competentes y los paniaguados soltaban: «Es un hecho puntual». Significaba que no había nada que interpretar, nada que colegir. Incluso poquísimo que lamentar. El asunto no tenía tres dimensiones, como los objetos de la realidad. Ni dos, como algunas entidades matemáticas. Ni siquiera tenía una dimensión, como la línea recta, que no es que invite a grandes comentarios, pero siempre puedes decir: mírala, pasa por ahí. El asunto tenía cero dimensiones porque era un punto. Y con cero dimensiones no esperes conclusiones, ni tampoco prevenciones. ¿Para qué? Del punto solo puedes decir dónde está: un extranjero ha violado en Málaga, o en Orense.
Con todo, tener que decir «puntual» era en sí mismo una incomodidad. Los apurados usuarios se daban cuenta de que, aun carente de dimensiones, los puntos se empeñan en transmitir mensajes de carácter general cuando se acumulan
JUAN CARLOS GIRAUTA - EL DEBATE
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