Un verano ajetreado (tercer trabajo concursante seleccionado, 2019)
Un verano ajetreado
(Historia de Saeda, seudónimo)
Hace tres años empezó mi viaje. Estábamos de vacaciones en el pueblo, como cada verano. Todo iba bien, hasta que un día, jugando al fútbol, me desmayé. Lo primero que recuerdo es despertar en el hospital. Recuerdo que mis padres me dijeron que todo iría bien. También recuerdo la cara de dolor de mi madre. Después de aquel día, volvimos a la ciudad. A partir de ese momento, todo cambió.
En el primer hospital que estuve, no consiguieron darnos una respuesta. Tres meses y muchas salas de espera después, descubrí que tenía cáncer de médula. Fue el peor momento de mi vida. Todo el mundo se portaba bien conmigo, sentían compasión. Y yo no entendía por qué. Seguía siendo una niña normal y corriente. Todo el mundo quería ser mi amigo o ayudarme.
Empecé el colegio un mes más tarde que mis compañeros, ya que no tenía fuerzas para levantarme de la cama. Después de muchas pruebas y un largo periodo de espera, seguía sin encontrar a alguien que pudiera ayudarme. Mi enfermedad iba avanzando y cada vez me sentía peor. Incluso los profesores se portaban bien conmigo y yo me sentía un bicho raro. Seguía siendo la misma de siempre, solo que ya no tenía la misma fuerza que antes. Iba apagándome poco a poco.
La cuarta vez que fui al médico, intentaban consolarme diciéndome que estaban a punto de encontrar a alguien que pudiera ayudarme. Lo que ellos no sabían es que yo empezaba a perder la esperanza y que ya estaba harta de ver solo hospitales. Gente sufriendo, intentando fingir que están bien cuando no era así... Me preguntaba por qué no habían encontrado a mi donante. Creía que era porque muy poca gente sabía de mi problema y, por tanto, no podían ayudarme. Mi enfermedad iba avanzando poco a poco y cada día que pasaba sentía que iba a ser peor que el anterior.
Mi prima me envió un WhatsApp, diciéndome que viera el último vídeo que había colgado. Creo que se me ha olvidado deciros que mi prima es youtuber y ya tiene un millón de subscriptores en su canal. Fui a mi habitación y vi el vídeo. Al principio no entendí por qué lo había hecho, porque yo no quería que nadie se enterase de mi enfermedad. Pero, al terminarlo de ver, me di cuenta de que estaba tratando de ayudarme.
El vídeo empezó a tener muchas vistas y el canal de mi prima iba creciendo cada día más. Mis padres me anunciaron, en un momento dado, que se había hecho viral. No entendí qué querían decir, pero no les comenté nada. Parecían contentos de verdad y hacía mucho tiempo que no les veía así. Me di cuenta de la fuerza que tiene la palabra, porque mis padres me explicaron que mucha gente quería ayudarme gracias al vídeo que colgó mi prima.
Más de mil personas fueron al médico para ofrecer su ayuda. Sin conocer aún los resultados, yo ya estaba contenta. Veía posible que el fin de mi sufrimiento se produjera en poco tiempo. Un buen día, al llegar del colegio, me puse a ver la tele, mientras mi madre me hacía una hamburguesa, mi plato favorito. Le tocaba elegir a ella lo que íbamos a ver y puso el telediario. Tres minutos después escuché el nombre del canal de mi prima en la televisión y presté mucha atención. De repente, mi caso salía en la televisión. Me sorprendió mucho.
El viernes de esa misma semana, vino a buscarme mi abuela porque mis padres estaban trabajando. Al salir de clase, justo al lado de mi abuela me pareció ver a Matías Prats. Mi vista no fallaba. Aluciné al verle acercarse a mí; me preguntó si podía hacerme una entrevista. En ese momento sí que me sentí famosa. Obviamente, le dije que sí. Me acompañó hasta casa de mi abuela, porque ese día me quedaba a dormir allí, y me hizo la entrevista. Algunas preguntas me pusieron un poco triste, pero no era lo importante, porque eso iba a ayudarme para el trasplante.
Unas semanas más tarde, mi madre tuvo que ir a buscarme a la escuela porque me encontraba muy mal. Fuimos al médico y, después de una larga espera, entramos en la consulta. Después de examinarme, me hicieron salir afuera. Siempre tengo que salir yo y no entiendo por qué, si soy yo la que está enferma. Después me dijeron que mi trasplante iba a ser en poco tiempo, lo que me ayudó a tener más fuerzas para luchar. En una semana tenía que volver al hospital para que me dijeran el día que me iban a operar. Estuve muy nerviosa.
Mi prima y yo creamos una fundación para ayudar a otra gente como yo. Conseguimos más de 25.000 donantes de médula en toda España. La fundación fue creciendo poco a poco. Dábamos ayuda psicológica y hacíamos reuniones para ayudar en todo lo que podíamos.
Conforme se aproximaba mi operación, estaba más y más nerviosa pero muy contenta, a la vez, de saber que por fin iba a poder curarme. Pasados unos días desde mi operación, fui conociendo a muchos niños en el hospital con el mismo problema que yo. Ya no me sentía un bicho raro. Además, ellos me entendían a la perfección.
Pasaron tres meses, y me sentía muy bien y cada día con más fuerzas. Empecé a pensar que de mayor iba a ser médico, para ayudar a la gente que tuviera el mismo problema que yo.
Cada vez somos más en la fundación. Desde hace un par de semanas, hemos incluido talleres de juegos para ayudar a sobrellevar la enfermedad a los niños que estén ingresados en el hospital. Ya llevo tres años combatiendo la leucemia y éste es el mejor: he recuperado mi vida y ayudo a los demás para que puedan volver a la suya.
Hemos recaudado mucho dinero y con esto he podido hacer que mi fundación sea conocida por toda España. Ahora tengo gente que me ayuda desde cada comunidad. Entre todos sumamos más. Organizamos eventos para recaudar dinero para la investigación, y así reducir las muertes que este cáncer provoca. Asimismo, desde hace un par de meses, colaboramos con distintas organizaciones, hospitales y otras fundaciones para combatir el cáncer.
Una vez al mes me reúno, en un hospital con el que colaboro, con pacientes y gente que ya ha superado el cáncer. Intentamos evadirnos de la enfermedad para que sea más fácil sobrellevarla. Ya no tengo miedo a recaer porque tengo a mucha gente apoyándome y siento que ya nada puede pararme.








