Una heroína de verdad: Ángela Murillo
Nacida en Almendralejo en 1952, Murillo llegó a la judicatura en 1980 con 25 años. Su primer destino fue un pequeño juzgado de Sevilla. En 1993 entró en la Audiencia Nacional como la primera mujer de su Sala de lo Penal. No fue un ascenso simbólico: fue una conquista. Pronto le tocó la ponencia de la Operación Nécora, el gran golpe al narcotráfico gallego de los Charlines. Ya entonces se notaba su estilo: meticulosa, directa, sin florituras. Pero su huella más profunda está en la lucha contra ETA. Presidió el macrojuicio EKIN de 2007, con 56 acusados y 47 condenados. Aquella sentencia no solo castigó a los militantes de la funesta banda: dibujó jurídicamente, en palabras de la sentencia, “el corazón y las entrañas” de ETA: sus finanzas, su aparato político y su red internacional. Murillo y sus compañeros de la judicatura lograron lo que los comandos de la Guardia Civil y la Ertzaintza no podían solos: desmantelar la estructura que permitía a ETA seguir existiendo aunque matara, digamos, menos.
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