11-M. El día siguiente de 20 años después

14 - 03 - 2024 / DIVERSAS FUENTES

Comentario de Teresa Freixes

Yo no estaba en España el 11M. Estaba en Italia, en Turín concretamente. No entendía nada de lo que me llegaba por los medios de comunicación (no tenía acceso a TVE) ni por SMS en el móvil. Si en España había confusión al respecto, imaginen fuera, con acceso limitado a la información.

Pero lo que sí vi enseguida es que se estaba haciendo una manipulación descarada. A la torpeza del gobierno de José María Aznar se añadió la mentira de "resituar" la responsabilidad por los atentados aprovechando la fragilidad con que se encontraba el cuerpo social tras la tragedia.

Cuando vi que no se respetaba el "día de reflexión", en una convocatoria para manifestarse que en mi celular apareció repetidamente desde números vinculados a Ferraz (los tenía porque hacía pocos meses me habían premiado por mi trabajo en la Unión Europea y guardé los contactos), no comprendí cómo no se aplazaron las elecciones. Yo había votado por correo, porque tenía varios compromisos en Italia y no daba crédito a lo que estaba viendo desde el extranjero.

En esas fechas se fraguaron las grandes estrategias que han jalonado hasta ahora la vida política española: La subida al Gobierno del PSOE de Rodríguez Zapatero dio un vuelco a lo que había sido el gran partido socialdemócrata desde la Transición. Comenzó renegando de ella: Precisamente se cumplía el 25 aniversario de la Constitución y, junto con un equipo de diseño gráfico extraordinario y con la colaboración de expertos en Historia del Derecho, preparé, por encargo del Centro de Estudios Constitucionales, una obra conmemorativa de tal aniversario que recibió varios premios internacionales y tenía que ser distribuida en el marco de los actos conmemorativos de las bodas de plata de la Constitución.

Ustedes recuerdan los actos conmemorativos? Yo no. Porque no los hubo. Se comenzó a denostar lo que había sido nuestro mayor logro y, aprovechando en forma innoble la masacre, se acuñó una práctica, formalizada en los Pactos del Tinell, por la que se quería garantizar el aislamiento de la derecha, negando la alternancia natural en las democracias. 

Fruto también de todo ello fue el negacionismo sobre la reforma constitucional porque, como implica grandes acuerdos, fue sustituida por otro tipo de políticas: las de imponer con mayorías exiguas contenidos partidistas quebrantando incluso el principio de jerarquía normativa, acuñado en el mundo democrático. De este modo se aprobó el Estatuto de Cataluña de 2006, pretendiendo formalizar contenidos contrarios a la Constitución para forzar una reforma de ésta, olvidando que son los Estatutos quienes deben respetar la Constitución, no la Constitución a los Estatutos.

Pues, a partir de ahí, ya no hace falta que explique más. Si he recordado, una vez más, cómo empezó toda esta locura, es porque de no hacerlo, pueden llegar a imponerse "relatos" totalmente tergiversados. Aunque reconozco que es fácil hacérselo creer a los jóvenes, que al no haber vivido la Transición ni la construcción de la democracia, pueden llegar a creer que sólo algunos tienen derecho a gobernar y que hay que evitar a toda costa que otros ocupen los cargos públicos. O nos tomamos en serio la educación, la Historia y el Derecho, o nos condenaremos como sociedad.

REDES

11-M, el final de la inocencia

HACE UNOS días, el embajador Javier Rupérez declaró que «hay un antes y un después en la Historia de España tras el 11-M y, ciertamente, no es un después mejor». Tiene razón. Es impreciso afirmar que el 11-M abrió una herida que no ha terminado de cicatrizar. En concreto, por un lado, el 11-M liquidó el pacto antiterrorista firmado por PP y PSOE y, por otro, descubrió a la izquierda un provechoso proceder: inauguró la época de la política performativa.

El día 12, Zapatero, entonces candidato socialista, afirmó que «la respuesta política tendría alguna variación dependiendo de si estamos ante un atentado terrorista de Al Qaeda o de ETA». La frase es demoledora, como lo fueron sus consecuencias. Durante los tres días posteriores al 11-M, Zapatero desempeñó un rol institucional y Rubalcaba ejerció el de agitador. Al expresarse de ese modo, Zapatero no cuestionó la gestión de la crisis o de la comunicación del Gobierno de Aznar sino que daba a entender que su futuro, valoración y respuesta política dependía de la identidad de los autores de la masacre. Tras tomar posesión, Zapatero pretextó el 11-M para proceder a la inmediata retirada de las tropas españolas de Irak.

Lo escalofriante es que la oposición socialista pretendía consolidar la versión de que si los islamistas provocaron aquella matanza el culpable era Aznar; que el atentado fue un castigo a España por la presencia de tropas –bajo mandato de la ONU, se omitía– en Irak. El señalamiento del chivo expiatorio abrió la válvula de escape del odio. En una gran cadena de radio, un analista regurgitó: «¿Cómo puedo aceptar una Constitución que ha permitido gobernar a Aznar?». Sólo tres meses antes del 11-M, el 14 de diciembre de 2003, PSC, ERC y ICV firmaron el Pacto del Tinell, que les comprometía a excluir al PP de cualquier acuerdo de legislatura en todos los niveles de Gobierno. Un mes antes del 11-M, ETA negoció con ERC una tregua en Cataluña.

Según el terrorista Txema Matanzas, ETA se «salvó por los moros del 11-M». El 11-S supuso en 2001 el inicio de una cruzada internacional contra el terrorismo; el Gobierno de Aznar arrinconó a la banda. Tras la victoria electoral de Zapatero, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo decayó. Lo expresó con sorna y ufano Arnaldo Otegi en noviembre de 2004, en un mitin en San Sebastián: «Hoy, un partido ilegal, con un portavoz ilegal, celebra un acto ilegal». En la renovada estrategia y narrativa socialista, el PP era un lastre para la consecución de la paz. Como señala el profesor Rogelio Alonso en La derrota del vencedor, «la ruptura o debilitamiento de la unidad democrática que el Pacto por las Libertades representaba era uno de los objetivos de la banda que desde su propia lógica consideró a su alcance» cuando el PSOE empezó en el 2000 [año en que firmó el acuerdo con el PP] a establecer contactos secretos con ETA. Así pues, el 11-M quebró el primer consenso y creó el primer frente de polarización. Alonso había desarrollado esta tesis en The Madrid Bombings and Negotiations with ETA [revista Terrorism and Political Violence, 2012].

Por otra parte, los atentados del 11-M permitieron la puesta en práctica de un novedoso –por los recursos técnicos empleados– ejercicio de agitprop. Así lo reconoce el propio Pablo Iglesias en El hilo rojo: La revuelta contra el Gobierno Aznar tras los atentados del 11 de marzo de 2004 [revista Tabula Rasa, 2006]: «La revuelta antigubernamental madrileña del 13 de Marzo de 2004 tras los ataques de Al Qaeda contra la población civil de la ciudad dos días antes (casi 200 muertos y miles de heridos) representa uno de los máximos desarrollos del conjunto de repertorios de acción colectiva propios del Movimiento Global contra el Capitalismo y la Guerra» [por cierto, cuando lo escribió ya debía de saber desde hacía tiempo que los asesinos eran terroristas islámicos y sólo algunos de ellos tenían relación con otros vinculados a Al Qaeda, que no dirigió el ataque]. En el texto, que se lee como si se le oyera, Iglesias explica la noción de micro movilizaciones –flash mob o smart mob-, que se distinguen de otros tipos de acción colectiva por que son descentralizadas y requieren de conexión en red –mediante SMS, MS multimedia y correos electrónicos– y provocan un efecto enjambre: pequeñas concentraciones que se reproducen, conectan y generan protestas masivas.

En 2005, el profesor José A. Olmeda publicó en el Real Instituto Elcano el documento Miedo o engaño. Es un pormenorizado repaso cronológico, mediático y político de las 72 horas posteriores al atentado. El 13-M –jornada de reflexión– comenzó el asedio a las sedes del PP. Ya en las movilizaciones ciudadanas convocadas por el Gobierno el día anterior –11 millones de españoles salieron a la calle– algunos grupos minoritarios pero muy bien distribuidos gritaron ¿Quién ha sido?. En Barcelona, Piqué y Rato fueron agredidos. Las turbas vociferaban «Aznar, asesino». Esa tarde, en torno a las 20.00h, el ministro del Interior informó de las primeras cuatro detenciones relacionadas con el terrorismo islámico. Hasta ese momento, el Gobierno fue víctima de sus sesgos cognitivos, provocados por experiencias políticas y vitales, antecedentes e indicios previos y creencias. Como recordó ayer Arcadi Espada en estas páginas: El País se tiró en plancha y tituló «Matanza de ETA en Madrid»; Pedro J. se contuvo: «Más de 130 muertos en la mayor masacre terrorista de nuestra Historia».

Antes, la cadena Ser y CNN+ anunciaron que retransmitirían las movilizaciones –entre ellas la que tendría lugar en la calle Génova– convocadas por distintos sitios web y plataformas, anunciando una última concentración en la Puerta del Sol a medianoche. Previamente, la Ser había errado con tres informaciones que se demostraron falsas: no había terroristas suicidas en los trenes, Interior no distribuyó fotografías de sospechosos de ETA y el CNI no estaba «dedicando el 99% de sus recursos» a seguir la pista islamista.

Entre las plataformas convocantes estaban algunas contra la guerra, forosocialmadrid.org y sindicatodeestudiantes.org, que recuperaría protagonismo años después. Olmeda muestra que la retroalimentación entre sitios web y medios convencionales crearon un marco interpretativo que cubrió y conectó los tres planos de la sofisticada tramoya: autoría, engaño y culpa. Así pues, el 11-M fue el inicio de un después mucho peor. Entre 2002 y 2003 había comenzado la crecida del activismo; tras el 11-M se multiplicó la potencia transformadora de la puesta en escena y las narrativas políticas. Asimismo, supuso la introducción de los hechos alternativos. Unas semanas más tarde, el profesor Julián Santamaría impartió un seminario en la Universidad para explicarnos que el PSOE manejaba encuestas preelectorales que le daban vencedor. Cuando introdujo la cuestión sobre la mentira le pregunté por los terroristas suicidas y contestó: «No los había, pero podía haberlos habido». Es decir, una vez impuesto el marco mental, el proceso de construcción es anecdótico. De hecho, se argumentó al poco: «Los hubo en Leganés»… El 11-M no sólo quebró consensos; si abocó al final de la inocencia fue también porque legitimó los métodos empleados para excluir al adversario político: el Tinell duro.

EN ABRIL de 2004, el periodista Fernando Múgica comenzó a publicar en este periódico su serie Los agujeros negros del 11-M. Las revelaciones dieron pie a conjeturas, pero Múgica siguió el rastro de los explosivos y las tarjetas de móvil, dio a conocer nombres de autores y cooperadores posteriormente condenados y proporcionó pruebas usadas en el juicio. Su investigación arrojó luz, no sombras. Pasado un tiempo me preguntó por qué dejé de creer en su trabajo. Contesté que nos hacíamos daño. Él era periodista y asumía las consecuencias. Yo no lo era tanto. Además, entonces era lo bastante ingenuo como para pensar que la izquierda renunciaría a sus técnicas o quedarían obsoletas. Por último, como la narrativa impuesta provocó el vuelco electoral, nadie reconocería ninguna verdad incómoda ni se refutaría después. Con el 11-M, la izquierda hoy dominante se presentó en sociedad. En los estudios sobre movimientos sociales compiten, entre otros, dos enfoques: la teoría del malestar social –la causa del descontento provoca la movilización– y la teoría de la movilización de recursos: la causa no es suficiente, se requiere una ventana de oportunidad y un sistema de incentivos y promoción. La foto de las Azores fue el motivo que propició el No a la Guerra; el 11-M, la oportunidad; y las elecciones –convertidas en un plebiscito sobre Irak–, los incentivos.

JAVIER REDONDO - EL MUNDO

Javier Redondo es director del Grado en Comunicación Global y profesor de Filosofía, Política y Economía de la Universidad Francisco de Vitoria (si es muy largo UFV)

EL JORNAL 11 de marzo de 2024

(El regreso) Ufana, victoriosamente, los nacionalistas anuncian el regreso a España de Carles Puigdemont en mayo. Quizá. Pero antes de decidirse a hacerlo, el prófugo habrá de esperar a la resolución del Supremo. Si es la de plantear una cuestión prejudicial podría volver sin problemas, porque las medidas cautelares serían de aplicación imposible. Pero no pasaría lo mismo si el Supremo resolviera que la Ley de Amnistía no cubre sus responsabilidades. Algo que ya pasó, por cierto, cuando el Tribunal descartó aplicar a los condenados en el Proceso la malversación atenuada que el legislativo incorporó a la reforma del Código Penal. En ese caso, la posibilidad de acabar en la cárcel es verosímil. Y la cárcel está lejos de ser para Puigdemont solo un grave asunto personal. Porque lo que propaga, en realidad, con un irresistible deje de superioridad moral sobre la democracia española, pero también sobre los cómplices que fueron encarcelados, es que mientras él sea libre Cataluña no irá a la cárcel.

(Colaborando) Mucho antes de Poe, lo más difícil de ver siempre ha sido lo que está a la vista. Obscenamente. Es una de las razones por las que no vale la pena ocuparse demasiado de la pornografía. En el ejemplo que voy a tratar, la dificultad añadida está en el presentador, ese ministro Bolaños que dio la otra mañana una rueda de prensa inolvidable. La tentación, que se soporta con gran dificultad, es ocuparse de lo que dijo y de cómo lo dijo. Hasta que se cae en la cuenta de que hacerlo sería aceptar su señuelo. Solo un tarado riguroso puede hablar (y hablarse) de ese modo; pero eso no quiere decir que su estrategia no sea políticamente eficaz. Es el mismo caso que el del presidente Sánchez: la indecibilidad de su persona, a la que se dirigen todos los esfuerzos sustantivos y adjetivos, acaba ejerciendo de saco de todos los golpes. En la citada rueda de prensa, el ministro Bolaños presentó el último acto de reforma de la Ley de Amnistía. Para dar cuenta del global de sus majaderías, bastará referirse a dos: cuando se felicitó a sí mismo por el final feliz de las negociaciones y cuando dijo que la ley sería un referente mundial. Quién que no trabaje donde Viva la Pepa podría tomarse en serio nada de lo que expone un tipo así. Pero la maniobra es útil.

Para saber de lo que el ministro estaba dando cuenta profunda se puede usar el sintagma Colaborar con la Justicia. Dos millones y medio de googles lo incluyen. El artículo 118 de la Constitución Española establece la obligación de hacerlo. Y es un lugar común de los políticos aludir a su voluntad de colaboración con la Justicia cuando sienten amenazados su crédito moral o el de las organizaciones que representan. Por el contrario, ¿de qué forma podría describirse con mayor exactitud el traumático proceso de redacción de la Ley de Amnistía, impulsado por el Gobierno y redactado por los delincuentes a los que pretende dar amparo, que como un sostenido, minucioso e inmoral intento de boicotear la acción de la Justicia? El tortuoso proceso de elaboración de la ley solo ha tenido dos objetivos: impedir que el Tribunal Supremo declare directamente que no puede aplicarse –resumamos– al caso Puigdemont y que, en el caso de una cuestión prejudicial, el Tribunal Constitucional o el Tribunal Europeo establezcan su improcedencia. Lejos de colaborar con la Justicia y someter sus planes a su dictado, el Gobierno se ha comportado como el mafioso que mediante ingenierías diversas pretende pasar por debajo del radar de la ley. Frente al deber ético y constitucional de la colaboración con la Justicia, el Gobierno solo ha tenido el objetivo de burlarla. Detrás de las zumbadas payasadas de Bolaños solo hay una estupefaciente revelación: la Justicia es el enemigo del Gobierno.

(11-M) Jesús Ceberio, el que fuera director de El País, acaba de publicar un libro sobre el 11-M. Su eje –y su título, La llamada, y el del principal capítulo– es la conversación que la mañana del 11 de marzo mantuvo con el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar. En la conversación, ya muy citada, el presidente del Gobierno le aseguró que ETA había sido la autora de la matanza. Ceberio lleva demasiados años cargando (y cargándonos) sobre Aznar la responsabilidad de un error profesional –haber titulado en portada «Matanza de ETA en Madrid»–, llamativo pero de escasas consecuencias, que si él considera el más grave de su carrera es solo para poder echárselo en cara al presidente con mayor énfasis. Ceberio asegura que Aznar le mintió: «Nadie sino él tenía los medios necesarios para determinar quién había cometido el mayor crimen de nuestra historia o, a falta de pruebas objetivas, admitir que aún no disponía de indicios materiales para establecer su autoría». Pero poco antes reconoce: «En su brevísima conversación conmigo no esgrimió ninguna prueba material». Ceberio no dispone de la grabación de la conversación, pero de alguien que afirma algo sin mayor prueba solo cabe esperar que exhiba una mera creencia. Y eso es lo que Ceberio llevó a su portada: la creencia de Aznar y su propia creencia delegada. Otros, como el entonces director de este periódico, Pedro J. Ramírez, no lo hicieron: «Más de 130 muertos en la mayor masacre terrorista de nuestra Historia», fue el titular de la primera edición del 11 de marzo. Un titular imposible si Aznar hubiera tenido algo más que una creencia, todo lo interesada que quiera atribuírsele, aunque, sin duda, frágil. Como honradamente Ceberio recuerda, el entonces candidato socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, le comentó sobre su conversación con Aznar de las 10 de la mañana: «Me dijo que creía que había sido ETA, pero tampoco de forma muy rotunda».

A lo largo de la trágica jornada, el Gobierno de Aznar no ocultó ningún indicio relevante sobre la autoría de la matanza. Es verdad que junto a los datos exhibió a veces un patético wishful thinking: quería creer (y hacer creer) que había sido ETA, mientras iba demostrando que no había sido ETA. Y también que el entonces candidato del PP, Mariano Rajoy, pronunció la más desgraciada frase de su carrera política: «Tengo la convicción moral de que ha sido ETA». Pero el Partido Socialista aprovechó implacablemente la paradoja gubernamental: «Queremos un Gobierno que no nos mienta» fue el lema que empezó a inundar los SMS y finalmente las calles de España, en las protestas ante las sedes del PP. Las protestas llegaron hasta la misma jornada de reflexión, con Alfredo Pérez Rubalcaba, luego hombre de Estado, al frente de la agitprop. Aunque la mentira, asociada al Gobierno de Aznar ya había empezado a circular antes del atentado. Como el propio Ceberio recuerda: «El País había abierto su primera página de ese día con una entrevista que me había concedido Rodríguez Zapatero en la que proclamaba que los españoles merecían un Gobierno que practicara el diálogo y la transparencia: ‘No más mentiras’, añadía en referencia a las razones invocadas por Aznar para participar en la guerra de Irak».

(Entonces) Es de gran interés ver la crisis actual de la democracia española a la luz retrospectiva del 11-M. Parecía difícil de imaginar hasta qué punto llegaría el presidente Sánchez para alcanzar y luego mantenerse en el poder. ¿Pero cuál fue el punto al que llegó la izquierda de entonces sobre 191 cadáveres calientes, aquella izquierda que en las calles llamó asesino a Aznar y nunca a los asesinos, tan parecida a la turba que desfiló por las calles barcelonesas en agosto de 2017, después del crimen de las Ramblas, haciendo lo mismo con el Rey y con los asesinos?

La acusación de ilegitimidad sigue marcando los movimientos de Sánchez desde que llegó al poder a través de una doble moción de censura y de mentira; hoy mismo se le reprocha que acudiera a las urnas sin detallar la sumisión que iba a practicar ante los delincuentes nacionalistas. Pero esa acusación es menor que la que rondó suciamente a Zapatero, el presidente que habría llegado al poder gracias a que oscuras terminales asociadas a su partido habrían organizado el voto ilegítimo de un atentado.

Cierto: las fake news vertebran este tiempo político; y esa primera y seminal noticia falsa de que la amnistía sea una obligación de la convivencia. ¿Pero y la que entonces protagonizaron sostenidamente políticos, periodistas (destacó este periódico) y locutores, aquellos agujeros negros, aquellos peones negros, aquella conspiración negra que partía de la tesis (no solo nunca demostrada, sino absolutamente ridícula) de que el atentado había sido planeado para que el PP perdiera las elecciones?

El hundimiento del mínimo suelo común (¡el suelo de sangre de los asesinados por el terrorismo!) que vinculaba a los dos grandes partidos, el vendaval de ilegitimidad desatado sobre las mayorías parlamentarias y la promulgación de la mentira como un hecho alternativo: demasiadas pruebas y demasiado graves como para rechazar que el 11-M fuera el momento fundacional de la moderna decadencia española.

(Ganado el 9 de marzo, preguntándole a Tomás de la Quadra-Salcedo cómo es posible que la condición de la arbitrariedad que le reconoce a la Ley de Amnistía no produzca automáticamente la desigualdad que le niega).

ARCADI ESPADA - EL MUNDO

La suegra y el tiburón

El que más madrugó aquella terrible mañana de hace veinte años fue José Luis Rodríguez Zapatero, el candidato socialista, al declarar tan sólo una hora después de las explosiones: «Una reflexión clarísima: ETA ha intentado intervenir en la campaña».

Media hora más tarde un asustado Juan José Ibarretxe proclamó: «Que no se hable de terrorismo vasco. El terrorismo es de ETA. Son alimañas, son asesinos. ETA, estoy absolutamente convencido, está escribiendo su final».

JESÚS LAÍNZ - LA GACETA

2024-03-11

11M: lo lleváis crudo

De Javier Gómez Bermúdez comentaron la sorpresa que les supuso su repentina transformación en mitad del juicio: si durante la primera parte del mismo pareció que el juez Gómez Bermúdez estaba verdaderamente interesado en averiguar la verdad de lo sucedido e incluso acorraló con sus preguntas a alguno de los mandos policiales, de repente aquello cambió en la semana anterior a las vacaciones de Semana Santa. A partir de entonces, y sin que nadie entendiera qué había sucedido, todo se volvió un intento por consolidar a toda costa la versión oficial

LUIS DEL PINO - LA GACETA

11-M: el golpe que triunfó

Sánchez culmina ahora el proyecto de Zapatero: rematar a la nación

Pasaron ya veinte años: la rendición perdura. Se pudrieron los sueños, las esperanzas de ser, al fin, un país normal, un como cualquier otro: un país capaz de unirse contra sus asesinos. Fueran éstos quienes fueran: lo cual, nunca ya sabremos. Retornó entonces lo más hondo, lo más negro del alma española: el odio a los de la propia estirpe, el deseo, abismalmente enfermo, de que el país sea aniquilado. En la forma más cruel, más humillante

GABRIEL ALBIAC - EL DEBATE

Quién es quién en los atentados del 11M: los autores de la matanza, dónde están ahora y qué condena les queda por cumplir

De los 21 condenados por los actos terroristas de 2004, solo tres de ellos aún permanecen en prisión.

MIRIAM COS - 20 MINUTOS

2024-03-09

11-M, el fracaso del Estado (Zougam es inocente)

Cuando mañana lunes 11 de marzo de 2024 se cumplan 20 años de la mayor masacre terrorista de nuestra historia, con la subsiguiente prescripción de los delitos, los familiares de las víctimas y los españoles en general seguirán sin saber quiénes planificaron la masacre, quiénes pusieron las bombas en cada uno de los trenes y qué explosivo emplearon para asesinar a 192 personas.

Y lo peor de todo es que estas tres afirmaciones categóricas son compatibles con la polémica sentencia del juez Gómez Bermúdez y sus adláteres, ratificada en lo sustancial por el Tribunal Supremo.

De hecho, las únicas tres personas acusadas por la Fiscalía de idear y ordenar la matanza de Madrid —El Egipcio, Belhadj y Haski— resultaron absueltos por la total inconsistencia de las pruebas contra ellos y sólo Jamal Zougam fue condenado por colocar las bombas en uno de los vagones.…

PEDRO J. RAMÍREZ - EL ESPAÑOL (VÍA ALMENDRÓN)

2024-03-10

I. Mis cuatro días de marzo

Salía de casa hacia la COPE cuando estallaron las bombas en los trenes. Al llegar a la emisora imperaba una gran confusión, aunque todos los indicios y primeras reacciones apuntaban a que ETA había cometido una gran masacre en Madrid tres días antes de las elecciones.

Yo iba a participar, como cada jueves, en el programa de Federico Jiménez Losantos, con la particularidad de que había convencido a Zapatero de que acudiera ese día a ser entrevistado en directo, en la recta final de la campaña.

II. Fulgor y muerte de la comisión parlamentaria

Meses después, España seguía partida por la mitad tras el trauma del 11-M y las múltiples incógnitas que persistían sobre la autoría, el propósito y los medios utilizados en la matanza. Mientras el juez Juan del Olmo, con problemas de visión -en todos los sentidos de la palabra- y siempre desbordado por la presión, dejaba en la práctica la instrucción del sumario a la Policía y la Fiscalía, todas las expectativas sobre el esclarecimiento de los hechos estaban puestas en la Comisión de Investigación Parlamentaria constituida en el Congreso.

III. Así conseguimos que se analizara el explosivo

Nuestra investigación periodística consiguió provocar un gran avance en la búsqueda de la verdad del 11-M en un momento crítico. La masacre de Madrid había dejado casi 200 cadáveres y dos mil heridos y había cambiado el curso de la historia de España. Tres años después iba a celebrarse el juicio contra los 29 acusados por el juez Del Olmo, tras una instrucción calamitosa llena de errores y omisiones.

IV. Pufff... Dinitrotolueno

Aunque la información básica sobre lo sucedido en las horas inmediatamente anteriores e inmediatamente posteriores al apagón y las inevitables conjeturas sobre sus efectos circularon enseguida, tendrían que transcurrir más de tres años para que Gómez Bermúdez accediera a la persistente demanda de las víctimas, y les permitiera visionar lo grabado por las cámaras. Cuando ya no podía tener ningún efecto judicial.

El día que eso ocurrió -22 de febrero de 2010- publicamos un editorial con una aseveración categórica: "Estamos convencidos de que estas imágenes captadas el 6 de febrero de 2007, una semana antes del juicio oral, habrían cambiado por completo el rumbo del juicio y desembocado en otra sentencia si hubieran sido exhibidas en la sala". Cualquiera que vuelva a ver ese vídeo sin prejuicios, década y media después, llegará muy probablemente a la misma conclusión.

V. El fallido juicio del 11-M

- ¿Ha tenido usted alguna relación por mínima que sea con el 11-M?

- Nunca he tenido ninguna relación con lo sucedido en Madrid.

La vista oral comenzó en la sala acondicionada de uno de los pabellones de la Casa de Campo con el interrogatorio de Rabei Osman El Egipcio por su abogado defensor Endika Zulueta. La fiscalía le consideraba el principal cerebro de la masacre y pedía para él más de 38.000 años de cárcel.

PEDRO J. RAMÍREZ - EL ESPAÑOL (VÍA ALMENDRÓN)

[Estos cinco artículos forman parte de la serie Memoria incompleta de la investigación del 11-M, publicada por EL ESPAÑOL con motivo del vigésimo aniversario del 11-M]

2024-03-14

Tres ideas equívocas sobre los terroristas del 11-M

Cuantos dan por descontado que los atentados del 11 de marzo de 2004 fueron perpetrados por yihadistas están sin lugar a duda en lo cierto. Pero incluso entre ellos son frecuentes, dos décadas después, algunas inexactitudes en el conocimiento de detalles importantes acerca de quienes perpetraron la matanza en los trenes de Cercanías. Es probable que esto obedezca a que la evidencia en torno a los terroristas no se limitó a las averiguaciones policiales contenidas en el procedimiento judicial sobre el caso, sino que ha podido ser ampliada con posterioridad gracias a los resultados de la investigación académica. Tres de esos errores son especialmente relevantes

FERNANDO REINARES - EL PAÍS (VÍA ALMENDRÓN)

2024-03-06

Por qué no se evitó el 11-M: el ignorado "efecto bumerán"

En el campo de la lucha contra el terrorismo hablar de efecto bumerán es hacerlo del probable impacto que una actuación contra el terrorismo de especial significación o de gran envergadura puede tener sobre otros terroristas relacionados con el grupo o la organización a la cual se ha asestado un serio golpe, motivándolos a llevar a cabo algún plan terrorista como venganza, siempre que dispongan o puedan disponer de las capacidades operativas necesarias para ello

FERNANDO REINARES - EL ESPAÑOL

2024-03-11