Alegría, desconcierto, alarma
Primero, en la mañana del sábado día 3, hora española, hubo un estallido de alegría: caía Maduro luego llegaba la democracia a Venezuela. Ciertamente el procedimiento era peculiar, por decirlo suavemente.
En aquellos primeros momentos, todo era confuso. Se esperaba que quienes ganaron las últimas elecciones presidenciales venezolanas pasarían a ocupar sus correspondientes cargos —“Estamos preparados para tomar el poder”, dijo entonces María Corina Machado— tras una rápida transición. Lo esperable en un golpe de mano tan bien ejecutado era que se hubiera previsto una rebelión interna con la complicidad de las fuerzas democráticas de la oposición
Pero las cosas no sucedieron así porque EEUU las había planteado de otra manera. Ello empezó a verse claro en el insólito discurso de Trump: dijo con desprecio que María Corina no tenía suficientes apoyos internos (a pesar de que el año anterior su coalición había ganado por una amplísima mayoría las elecciones) y que exigía que la industria del petróleo venezolana —fuente de energía expropiado legalmente en 1976 bajo el mandato del presidente Carlos Andrés Pérez, mucho antes del chavismo— debía ser devuelta a las empresas americanas
FRANCESC DE CARRERAS - THE OBJECTIVE
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