Borràs, Pujol y el culto a la mentira en Cataluña
Cuando nos decimos a nosotros mismos, de una manera íntima, que poseemos, como mínimo, la dignidad inherente a cualquier otro ser humano, indudablemente tenemos razón. Pero es también sano reconocer cuánto hay en ello de elevación a lo abstracto, desde nuestro fuero interno, de un mero juego o ilusión intelectual
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