Cae el último bastión
En el principio fue José Luis Escrivá. El Gobierno de Mariano Rajoy, con esa perspicacia que caracteriza a la derecha a la hora de elegir colaboradores, le colocó en la presidencia de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) dada precisamente su condición de independiente. Pero Escrivá era tan “independiente” que acabó de ministro de Pedro Sánchez, no sin antes haber amargado la vida al entonces titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, muchas veces con razón. Tras naufragar en el intento de ocupar cartera tan principal en cualquier Ejecutivo (alguien dijo que un Gobierno lo forma el ministro de Hacienda y 10 o 12 figurantes más, 22 en el caso de Sánchez), Escrivá aceptó el premio de consolación del Banco de España (BdE) en sustitución, septiembre del 24, de uno de los gobernadores más prestigiosos de que ha gozado la institución, Pablo Hernandez de Cos, un tipo respetado por tirios y troyanos. Desde entonces el BdE ha desaparecido, se lo ha tragado la noche, ni está ni se le espera.
Su famoso Servicio de Estudios se ha quedado mudo. Ni un mal informe crítico, ni un rasguño al mariscal Pedro y su política económica. Escrivá en su versión más taimada de siervo lamebotas del amo de Moncloa. Y bien, lo mismo acaba de ocurrir con la AIReF. A Cristina Herrero, una de esas funcionarias ejemplares de quien cualquier demócrata puede sentirse orgulloso, acaba de ser sustituida por una mandada de la cesante ministra de Hacienda María Jesús Montero. Se trata de Inés Olóndriz, hasta este martes secretaria general de Financiación Autonómica y Local en el Ministerio de Hacienda y una de las personas de máxima confianza de la vicepresidenta primera, que como tal ha jugado un papel primordial en las negociaciones con la Generalitat para sacar adelante el escandaloso cupo catalán y la no menos escandalosa quita de la deuda catalana. A partir de ahora también a la AIReF se la tragará la tierra. Acaba de caer el último bastión independiente que entre los organismos reguladores resistía las acometidas de un Gobierno que, como todo buen social comunista, no tolera una voz discrepante.
JESÚS CACHO - VOZPÓPULI
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