Caer en el 'wokismo'
El ‘wokismo’ empieza como una tontuna. Al poco, el afectado vislumbra la cantidad de ventajas de la plural chorrada. Algunas le deslumbran: el cómodo mando del inquisidor, las fórmulas mágicas, las palabras fetiche o el aplauso asegurado. Todo gratis, sin esfuerzo, sin estudio, sin experiencia, sin lecturas, sin ideas, sin argumentos, sin reflexión. Invisibles patrones espontáneos reordenan las inclinaciones ideológicas colectivas. Su señal es el lenguaje. El mecanismo recuerda a aquellas máquinas que clasificaban las monedas cuando la peseta: bastaban unos desviadores fijos y la fuerza de la gravedad. Aquí los diez céntimos gordos, al lado los pequeños, luego los reales, allá los cincuenta céntimos, acullá las pesetas, antes de los duros
leer más...







